La comunicación clara y estratégica es un pilar fundamental para la colaboración eficaz.
La tranquilidad, o más bien, desaceleración del ritmo que suele caracterizar a los días iniciales de cualquier año, no nos duró mucho en este 2026. Han ocurrido hechos concretos que, sin entrar en detalles, evidencian turbulencias de impacto en la sociedad occidental. Esto refuerza el desafío que la gestión de tensiones externas representa para las empresas y sus líderes de comunicación o CCO (Chief Commmunications Officer) según ya lo ha demostrado el estudio Communication Monitor más reciente del Euprera. Implica hacer frente al complejo entramado del entorno, signado por polaridades, crisis geopolíticas, contradicciones y volatilidad en la esfera comercial y financiera, sumado a expectativas y demandas de los grupos de interés o stakeholders los cuales también coexisten con ese mismo contexto. Y con ellos se requiere construir y gestionar un vínculo efectivo.
La comunicación tiene mucho que aportar en esa contexto de volatilidad y de múltiples realidades,si se asume más allá de la gestión informativa y reputacional. Voy a referirme directamente al diálogo social como proceso articulado, dinámico y multidimensional que puede proveer un espacio de certidumbre.
El diálogo social: mucho más que un intercambio de palabras
En el taller sobre diálogo social que impartí recientemente para la CEOE de Tenerife, a través del Centro Internacional Politécnico, nos enfocamos en cómo las herramientas de la comunicación pueden facilitar este proceso, promoviendo un espacio de cooperación y entendimiento entre empleadores, trabajadores y gobiernos. Vale mencionar que este es un issue de alto interés para el tejido empresarial representado por esa organización gremial, en su propósito de fortalecer los acuerdos y el entendimiento en si entre los actores clave para el desarrollo económico y social de la región insular.
Teniendo como marco el momento actual, y bajo la mirada desde la teoría del pensamiento complejo, a la cual solemos acudir, el diálogo social no debe verse como un simple intercambio de información, sino como un proceso interconectado donde cada actor aporta su propio conocimiento, contexto y perspectiva. La comunicación, entonces, se convierte en un eje central que atraviesa todo el proceso y permite que estos actores encuentren puntos comunes, resuelvan tensiones y construyan soluciones colaborativas. Fortalecer esa habilidad no es nada despreciable.
La comunicación es el alma del diálogo social. En su forma más efectiva, va más allá de ser un proceso informativo; se convierte en un espacio donde las partes que interactúan, a pesar de las diferencias, realmente se escuchan, se entienden y, lo más importante, se construye un horizonte compartido y se materializa en acuerdos. Según el pensamiento complejo, cada actor no solo tiene su propia visión del mundo, sino que esas visiones son influenciadas por una multitud de factores: históricos, sociales, emocionales y cognitivos. Esto crea una red de interacciones que no puede reducirse a un simple intercambio unilateral de información, o peor aún, una imposición de criterios con fines mandatorios.
En este sentido, este aprendizaje involucra el apropiarse de modalidades como la negociación, la consulta tripartita o el intercambio con una visión amplia, tomando en cuenta que las diferencias de posición no impiden la precisión de intereses comunes. Del nivel de claridad y credibilidad que tenga, o no, cada proceso en particular, y de la legitimidad misma de quienes participen en el diálogo como representantes de una organización, grupo o movimiento, podrá deducirse la posibilidad de arribar a puerto seguro.
El reto de romper barreras y conjugar realidades
Uno de los principales retos en el diálogo social es superar las barreras que existen entre los diferentes actores. La desconfianza, los intereses contrapuestos y la falta de información clara suelen ser obstáculos comunes. Aquí es donde la comunicación efectiva juega un rol esencial. Como mencionamos durante el taller, para que el diálogo sea fructífero, debe existir una escucha activa y una disposición a comprender las perspectivas de los otros. Sin una comunicación fluida y transparente, estos obstáculos se convierten en barreras insuperables.
Cada actor en un proceso de diálogo social opera desde su propia realidad. Volviendo al pensamiento complejo, esto implica el entramado de perspectivas, de tensiones emergentes, de un caos sin asidero. Pero no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad. Aquí es donde la comunicación vista como habilidad estratégica puede actuar como el puente que permite la conexión de estas realidades diversas.
Y el facilitar este cruce de perspectivas es clave para lograr acuerdos sostenibles y soluciones integradoras. Por ejemplo, cuando empleadores, trabajadores y gobiernos se comunican eficazmente, pueden identificar intereses comunes que les permitan avanzar hacia objetivos compartidos, como la mejora del clima organizacional o el fortalecimiento de la cohesión social en un territorio particular.
Entre algunas de las herramientas que trabajamos durante el taller podemos citar escucha activa, uso de lenguaje positivo y respetuoso, retroalimentación constante, mediación y negociación, entre otras.
Un proceso de diálogo social no puede ser un proceso aislado, ni unidimensional, ni acelerado. Requiere confianza y esta se construye. Si se aborda como una dinámica, con continuidad, y de carácter multifacético, con actores en una red de interacciones, la comunicación estratégicamente gestionada podrá conducir a resultados transformadores, auténticos y productivos.
El diálogo social en la agenda global: claves desde Davos 2026
Con el ¨Espiritu de diálogo¨como lema el Foro Económico Mundial de Davos 2026 destacó una idea central: los grandes desafíos económicos, tecnológicos y sociales no pueden abordarse desde lógicas fragmentadas. Polarización, transformación digital acelerada, brechas sociales, sostenibilidad, gobernanza y confianza institucional son problemas complejos que requieren nuevas formas de diálogo entre actores diversos.
En este contexto, el diálogo social deja de ser un asunto exclusivamente laboral o sindical para convertirse en una herramienta estratégica de gobernanza, tanto a nivel global como organizacional. Se señaló a la desinformación (intencional o accidental) y la confrontación como serias amenazas globales, por encima de la temática ambiental.
Uno de los mensajes recurrentes en Davos durante su intensa agenda y sus múltiples actividades ha sido la necesidad de reconstruir la confianza entre los actores que lideran desde lo macro o global hasta instituciones, empresas, trabajadores y ciudadanía. Y aquí la comunicación cumple un rol decisivo. No existe una única narrativa válida ni soluciones lineales. Las organizaciones —al igual que las sociedades— funcionan como sistemas interdependientes, donde cada decisión impacta en múltiples niveles: económico, social, emocional y simbólico.

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