El uso pedagógico de nuevas plataformas y recursos técnicos, junto a un poquito de imaginación, fue la base para crear una fascinante experiencia conversacional durante mi primer seminario como profesora de doctorado.

He aprendido como docente que hay cursos que se enseñan, y otros que se viven más allá de la expectativa transformadora inicial. Es el caso del Seminario que dicté recientemente para el Doctorado Comunicaciones de la Sociedad del Conocimiento, de la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB, una propuesta innovadora que aborda la complejidad de los desafíos contemporáneos en este campo.
Acepté el desafío de diseñar contenidos y metodología e impartir, el curso identificado dentro del naciente programa doctoral denominado Realidad Virtual, Inteligencia Artificial y procesos comunicacionales. Estuve consciente de la expectativa que pudiera crear ese nombre en medio de un contexto altamente dinámico, cambiante. Y además tener muy presente que en los estudios doctorales – especialmente en las ciencias sociales y en las humanidades- el propósito central difiere de los niveles académicos precedentes al acentuarse la necesidad del diálogo profundo, argumentado, y de indagar y pensar con el mayor discernimiento posible.
Esto último quizás lo saben de sobra los académicos con dilatada y consolidada trayectoria en la docencia doctoral, pero cuando se trata de alguien como yo que avanza como profesora universitaria hacia un nuevo nivel, luego de años en la docencia para pre y postgrado, tal recordatorio se hace indispensable.
Un seminario online como laboratorio filosófico
Desde un primer momento tuve claro que, si bien el objeto de estudio del seminario es afín a muchos cursos de moda, esa formación debía conformar un espacio donde la Inteligencia Artificial y las tecnologías inmersivas pudieran ser abordadas desde un espacio de intersección epistemológica. La complejidad, la semiología, la filosofía, la ciber-pragmática, la inteligencia social, la comunicación y la ética fueron, entre otros, fueron pilares conceptuales que nos permitieron construir sesiones de trabajo -en línea modo síncrono- altamente dinámicas y enriquecedoras. Así los estudiantes del seminario, la mayor parte profesores universitarios y profesionales con trayectorias sólidas, estuvieron direccionados a interrogar no solo lo que las máquinas hacen, sino lo que hacemos con ellas y por supuesto, lo que ellas hacen con nosotros.
Partimos con una revisión detenida del celébre texto de Alan Turing Computing machinery and intelligence (1950), en el que planteó la interrogante acerca de la posibilidad de pensar de las máquinas. Y en el resto de las sesiones, las cuales no detallaré en este artículo, nos fuimos sumergiendo en la temática, incluso con la participación de expertos (invitados especiales) que nos aportaron miradas complementarias en aras de reconceptualizar los procesos comunicacionales en contextos mediados por Inteligencia Artificial y tecnologías inmersivas. Una conclusión del curso ha sido que la comunicación ya no puede analizarse únicamente como intercambio simbólico, sino como un proceso que interviene simultáneamente en lo cognitivo, lo organizacional y lo decisional.
La ética tecnológica el ágora virtual
Durante el seminario fue recurrente la alusión al interés por disertar en torno a la dimensión ética subyacente en las nuevas tecnologías. Y más ante el creciente debate público, cuestionamientos y situaciones cotidianas que son noticia y evidencian múltiples inquietudes o temores, especialmente en lo referente a Inteligencia Artificial.
Decidí diseñar y proponer, para el cierre del curso una ¨Tertulia virtual ética e inmersiva¨ en la cual pudiéramos crear una atmósfera de diálogo cruzado, con el apoyo de modelos de IA. La idea despertó gran entusiasmo entre los doctorantes, quienes desbordaron el Foro con sus propuestas y sus interpelaciones. Elevaron la intensidad de la reflexión, tanto en contenido como en planteamientos densos y con sentido. Y desarrollaron animaciones que representaron las escenas de la tertulia, muy bien logradas, con muestras de la comprensión profunda de autores como Floridi, Zuboff, Cortina, Coeckelbergh y clásicos de la filosofía.

Así, se abrió ante nosotros un universo visualmente creativo, convergente-divergente, capaz de situar a personajes célebres de la antigüedad y confrontarlos con voces del pensamiento contemporáneo, en un mismo podio, a veces con la mediación del estudiante virtualmente presente. La pregunta propuesta fue ¿Cómo podemos imaginar y construir una ética de las tecnologías emergentes que fortalezca la democracia, la cooperación y el respeto a la autonomía en la Sociedad del Conocimiento?
Al comparar y analizar la extensa conversación derivada de la interrogante central, sumada a las 16 sesiones semanales del curso, entre tantos puntos coincidimos en que la ética de las tecnologías emergentes debe integrar carácter humano, arquitectura institucional y justicia social para evitar la entropía informacional y fortalecer la democracia.
Ciertamente, logramos llegar a puerto y concretar ideas de cierre, más no concluyentes. Desde mi rol docente ha sido significativo y satisfactorio el haber propiciado un espacio de reflexión crítico, interdisciplinario, creativo, ético y lúcido. Logramos asi establecer una base, para seguir trabajando en ella, cuando coincidimos en que la amenaza no es la Inteligencia Artificial per se, sino la renuncia humana a pensar.

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