El impacto social de la emprendedora

Una mujer es un agente de cambio, en un espectro de amplio alcance. Lo hace al ocuparse de crear y liderar tanto un negocio, como una organización sin fines de lucro 

Emprender es un verbo recurrente en nuestra historia personal. Nos conectamos con el mismo como modelo de vida, replicable de una generación a otra, siendo además la chispa generadora de episodios, con visos épicos, que marcaron huella en la narrativa del grupo familiar. También la cercanía profesional a líderes y asociaciones empresariales (organizaciones patronales), agudizó esa observación. Sin embargo, cuando tomamos consciencia de la influencia del paradigma en la toma de decisiones y perspectivas existenciales, ya habíamos incursionado en la investigación académica del emprendimiento comercial como fenómeno social. Al entrar en ese campo identificamos una interesante  temática, progresivamente centro de múltiples estudios y de acciones de responsabilidad social; rica en significados, enseñanzas, vivencias, en una expansión que va de la mano con interpretaciones interdisciplinarias, dado lo multidimensional de su impacto. Nos referimos al caso de la mujer emprendedora, concepto potenciado con la incorporación de la igualdad de género en las Metas del Milenio, y posteriormente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Esa amplitud en el radio de observación nos lleva a centrar este breve análisis en la identificación de la mujer emprendedora, vista como actor social de elevado potencial transformador.

Sobrevivientes o creadoras

Uno de los primeros hallazgos cuando iniciamos el estudio formal  del fenómeno (*) fue la comprobación de la existencia de dos grandes categorías. Existen emprendedoras por sobrevivencia y existen emprendedoras innatas. Una diferenciación que no es condición exclusiva del género femenino, porque la llegada al emprendimiento suele suceder intempestivamente, en medio de una emergencia. Te empuja la necesidad de asirte a algo en un océano turbulento, cual tabla de madera flotando, avistada después de naufragar. O lo haces, o pereces. catia.escuela1

Quizás la condición de género se nota más cuando la aceptación y ejecución de tal acción salvadora está vinculada a otros elementos personales, siendo el más citado el ser jefa de hogar con descendencia, bajo su única responsabilidad. Ese el caso, por ejemplo, de la llamada “mantelera”. La encontramos vendiendo mercancía colocada sobre un gran trozo de tela, organizada de una manera tal que facilite la “huida”, en caso de aproximarse la policía y no se cuente con el permiso respectivo para tal actividad.

Vale tanto para ese referido caso de comercio ambulante, como para otros derivados de una emergencia económica, como suele ser la elaboración de postres en el hogar para la venta por encargo.

empred.margaritaLa cara contraria a la emprendedora sobreviviente, es la emprendedora innata. Esta última puede encajar en el concepto de emprendedor de Schumpeter, siendo una persona capaz de crear, agregar valor con su conocimiento y su capacidad de diseño, de elección y de estrategia. No es pasiva, ni reactiva. Ella propone y se mueve cuando detecta la oportunidad. La incursión en un negocio e identificación con el rol empresarial adquiere en ella un sentido de materialización de un sueño -nutrido por la pasión-, de construir un relevante eje en su proyecto de vida. No se plantea renuncias, sino creación de soluciones para integrar otros roles también importantes.

En una entrevista que realizáramos a una minorista venezolana, conocida por su consolidada trayectoria comercial y como líder en el gremio empresarial, la cimiente emprendedora emerge en su historia combinación con una personalidad avasallante y decidida.

A ella, nacida en el contexto de una familia económicamente holgada, lo usual era limitarse al rol de esposa consorte y madre, le preguntamos ¿desde el principio usted entró porque le gustaba el mundo del comercio? Su respuesta, además de tajante, estuvo cargada de un entusiasmo que iluminó tanto su rostro como el salón donde conversamos:

– Lo hacía porque me gustaba, me gustaba… ¡ME GUSTABA! Sí, me gustaba estar allí. Sí, al frente del negocio

Hizo una pausa tras la euforia, para sumar a la confesión.

– Me gustaba estar en un negocio .. y… ver la mercancía …y ver como en ese momento era víveres, licores y luego una ferretería. Entonces uno estaba allí, inventando, pues uno ofrecía a la gente cosas.

Usted pudo quedarse tranquila en la casa- le dijímos.

– No, no, a mí me encantaba hacer eso, a mi me gustaba involucrarme. Hacer. Tú sabes, como esas personas que están buscando por dónde meterse, para ver cómo ingresas, cómo vendes. Yo me metí de lleno, mira, y ya ves que sigo en eso hasta el sol de hoy. Metida en todo.

Ante un contexto presionando silenciosamente para frenar la acción, la emprendedora asume el riesgo del señalamiento social u otras limitantes, descubriendo además el poder del apoyo femenino. La empresaria de la anterior anécdota, gracias a la solidaridad o complicidad de otras mujeres, también desafió la norma de sus tiempos mozos: estudiar en la universidad, recorrer largas distancias para hacerlo, y re-organizar el entorno íntimo para cumplir con sus deberes familiares. “Ellas me acompañaban hasta la ciudad y me esperaban en la casa de mi mamá, cerca de la Universidad. Terminaba la clase, agarraba mi carro, las buscaba  y de allí nos íbamos todas otra vez al pueblo. Sólo así fue como pude estudiar economía”.

El tránsito de la condición de superviviente a empresaria propiamente dicha, confiere a una mujer la identificación y auto-aceptación del rol emprendedor como eje central en el proyecto de vida. Se reasignan recursos, se modifican las prioridades y se establece una estructura para dar consistencia a ese sistema. Las emprendedoras, cuando asumen e internalizan esa identidad, saben que necesitan manejar con la mayor eficiencia posible las dos grandes esferas de su sistema de acción social (Lo público y lo  privado). Tan importante es incidir en las decisiones públicas que afectan la comunidad económica a la cual pertenece (como un mercado municipal o centro comercial),  como el atender los conflictos emocionales de un hijo adolescente. Esa capacidad articuladora incide en la potenciación de sus virtudes como ser humano, tanto biológicas como espirituales y cognitivas. Cada una de ellas, según sea la amplitud de su visibilidad pública, se convierte en un referente para otras y  un modelo a seguir.

El sistema de la emprendedora
Fuente: elaboración propia

Inspirando y moviendo al mundo

Sin importar si su proyecto tiene raíz en la necesidad de sobrevivencia, o en la cristalización voluntaria de un sueño, la decisión de emprender tiene consecuencias notables en sí misma, y en su entorno. En los diferentes estudios y expericiencias en las cuales hemos participado, promovido o desarrollado, dentro de la temática del emprendimiento femenino, hemos encontrado, entre otros elementos recurrentes, aspectos como:

  • El potencial de la redificación entre mujeres crece exponencialmente cuando se conectan aquellas que crean y lideran negocios. Esto incide directamente en el capital social, mediante la construcción de confianza entre los integrantes de una comunidad. Ella es afianzadora de las interrelaciones y de mejoras al funcionamiento del sistema social en sí.
  • Transformaciones personales que replican el entorno: Al mejorar su autoestima, su autoaceptación y su posición como líder de su negocio, se convierte en modelo a seguir. Tiene una visión, con metas concretas y al trabajar duro para alcanzarlas, establece un patrón de comportamiento, ejerciendo cambios positivos. Siendo o no jefa de familia, sus decisiones favorecen el plan de vida familiar, haciendo presente la meta del emprendedurismo.
  • Superación de la descendencia. Desde una perspectiva evolucionista, entre las emprendedoras por supervivencia, subyace una pauta común que las conecta con una motivación: desea una vida mejor para su descendencia, diferente a los factores que le llevaron al naufragio. Una vez estructurado su eco-sistema emprendedor, se convierte en patrón, replicable. Según Maturana y Varela (1996), en la evolución lo que es fundamental para el establecimiento de un linaje es la conservación de una manera de vivir en una sucesión reproductiva. En cada especie hay una manera particular de vivir que implica también un modo de desarrollo y crecimiento. Por tanto, llevando esta idea al ecosistema de la emprendedora, la visión de un futuro salto en la calidad de vida de la progenie, es una de los más importantes elementos que inciden para el sostenimiento de las prácticas mercantiles.
  • Consciencia de la acción influyente cuando las emprendedoras cooperan entre sí, o con otros actores sociales. Hay un sentido de inteligencia social que cobra fuerza al introducir transforaciones pequeñas o grandes, puntuales o de largo alcance, en el sistema común. Y esto es factible en la medida en que, en primera instancia, se tiene conciencia de pertenencia a un sistema y dónde se ubica dentro del mismo, para identificar oportunidades de transformación desde adentro, desde sí mismo, y no al contrario. En pocas palabras, al construir asociatividad se nutre la civilidad. Es ejercicio de ciudadanía, tejido social que nutre a las sociedades que verdaderamente se entienden y

emprend.upaca2Por otra parte, en la mujer emprendedora la necesidad de formación es continua, no cesa. Tanto la propia como de quienes le acompañan en sus proyectos, porque se aprende que lo importante no es llegar, sino tener la capacidad de mantenerse, y de levantarse una y otra vez.

El impacto de una emprendedora trasciende su tiempo, su círculo y su propio género.

(*) Estudio solicitado para un cliente cuyo nombre reservamos, realizado conjuntamente con la Profesora Ana María Rusque, Ph.D (UCV, USACH); y Yacqueline Soto, Ph.D (UCV, UNA)

 

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