La pandemia: Tiempo para líderes socialmente responsables

(Artículo ganador del Premio del Periodista Venamcham 2021, categoría Responsabilidad Social)

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¿Y qué pasa si una pequeña mariposa bate sus alas en un lugar del planeta en forma de virus…?

La pandemia de Covid-19 causada por el coronavirus SARS-CoV-2 no ha terminado. Y ya sabemos que quedará para la historia como una situación que evidenció la complejidad que signa a la humanidad en la primera parte del Siglo XXI. El confinamiento global avizoró, desde su inicio, un impacto con una magnitud sin precedentes. No fue exagerada la declaración de una líder como Angela Merkel el 18 de marzo de 2020 cuando comparó la similitud que representaba ese desafío con la Segunda Guerra Mundial, cuyo entramado de implicaciones y múltiples consecuencias derivó en profundos cambios. Uno interesante por lo visible y contundente ha sido la emergencia de nuevas formas de liderazgo.
Pensadores contemporáneos como Noah Yuval Harari, Byun Chung-Hang, Edgard Morin han estado advirtiendo o identificando fuerzas opuestas que hacen de este macroproceso un espacio complejo. Se suscitan grandes saltos hacia adelante en la humanidad como por ejemplo, el rápido desarrollo de vacunas para combatir al enemigo, y por otro lado se dan retrocesos contundentes en materia de democracia y libertades individuales, dado el riesgo de nuevos sistemas de control sobre el individuo. Un brote dictaduras digitales amparadas en la Big Data aunado a líderes con inclinaciones totalitarias. También es tiempo que acentúa desigualdades: el privilegio de quien puede resguardarse accediendo al teletrabajo desde casa versus la imperiosa necesidad del trabajador independiente de salir a la calle a ganarse el pan, bajo riesgo de contagio.


Desde el surgimiento de las primeras reflexiones hasta el presente, para el momento de escribir este artículo tales autores y otros más han insistido en que el Covid ha sido un catalizador del deterioro de la salud mental y de la convivencia humana. Coinciden en invocar lo imprescindible de la cooperación, el entendimiento y el acuerdo. Humberto Maturana, recientemente fallecido, además del valioso legado científico e intelectual insistía en que debíamos “darnos cuenta que somos humanidad, no somos seres aislados, por lo tanto tal vez nos pueda inspirar a un vivir de conversaciones para colaborar y en el deseo de convivir en forma honesta”.
Claman por el aprender a vivir con la incertidumbre y comprender la interdependencia, la volatilidad, la velocidad de las dinámicas y de los cambios. Pero sobre todo la emergencia o potenciación de nuevos desafíos que como bien dice la investigadora y catedrática venezolana Carlota Pérez “El futuro no va a ser mantener o reconstruir un pasado, ya visto como inadecuado, sino diseñar un nuevo rumbo idóneo”.
La banca multilateral, organismos internacionales e instituciones académicas han estado aportando conocimientos mediante el monitoreo y permanente análisis para aportar en la comprensión del problema, desde una perspectiva económica, manteniendo el acento de impacto de la pandemia en el ser humano y el comportamiento de los actores sociales.
Y entre estos últimos se observa la progresiva voz del líder emergente que irrumpe y mitiga el protagonismo o el peso de los factores geopolíticos e intereses gubernamentales en la formulación, articulación o ejecución de soluciones para atenuar las consecuencias de la enfermedad, evitar su propagación o erradicarla. Se ha ido mostrando el rol de la empresa privada y del empresario como agente de cambio. Ya sea por la vía de la influencia directa de holdings familiares o multinacionales, de las alianzas o de la asociatividad gremial, el capital privado ha ido mostrando proactividad en la búsqueda y construcción de rutas posibles.
Para ese contexto de apretada síntesis citamos la definición de Responsabilidad Social Empresarial que hicimos hace unos años: Es el acto voluntario, consciente y estratégico de una empresa, materializado en prácticas y fundamentalmente a través de la intersubjetividad, cuya consecuencia última es la trascendencia en el tiempo, con base en un esquema de ganancia compartida y de correspondencia ética con la sociedad.
Esa noción es pertinente para este ejercicio de comprensión, por una parte, de la responsabilidad social en tiempos del Covid-19, y por otro lado, de la influencia e importancia de la gestión comunicacional, ya sea institucional o corporativa, producción de canales y contenidos o acción divulgativa como tal.

Además de los pensadores o fuentes ya citadas en esa perspectiva es necesario incorporar la mirada que dejó el alemán Niklas Luhmann quien propuso la teoría de los sistemas sociales sobre la base de conceptos desarrollados por los chilenos Maturana y Varela, especialmente la autopoiesis o auto-eco-organización. En su planteamiento la comunicación es el gran hilo conductor y organizador de la sociedad, al punto de afirmar que “no pueden haber sociedades sin comunicación”.
¿Cuál es el desafío para la empresa? ¿Para el comunicador?¿Para el líder?¿ Para el ciudadano? Nos permitimos asomar o proponer entre algunos retos donde subyace la dimensión protagónica de la comunicación:

La empresa se asienta como eje social en la nueva realidad

Hay un proceso de recolocación o redimensionamiento del rol de la empresa como actor social de alto impacto en el proceso de re-equilibrio de la sociedad, con velocidad para adaptarse a los cambios y promoverlos. La propuesta de Klaus Schwab de un capitalismo de partes interesadas cobra fuerza, con ejemplos de nuevas coaliciones. Tan evidente es que el Banco Interamericano de Desarrollo anunció a principios del 2021 una alianza, única e histórica con 40 empresas globales y regionales para la recuperación de la región tras la pandemia, enfocada en el empoderamiento de la mujer, en fortalecer las cadenas de valor y en acelerar la digitalización.
Los trabajadores o colaboradores se convierten en la prioridad número 1 de las empresas, y a su vez sus dirigentes (fundadores, jefes) empiezan a marcar huella como modelos de actuación y de aporte a la sociedad durante emergencias de este calibre. Serán la referencia de credibilidad de aquí en adelante sobre que la compañía haga o diga hacer. En el caso de Amazon Jeff Bezos fue uno de los primeros empresarios en Estados Unidos que asumió directamente la situación de una manera pública y muy franca. En un comunicado dirigido a los 800 mil trabajadores de su negocio dijo “esto va a ser duro, fuerte y se va a poner peor. Y vamos a contratar 100 mil personas más porque sabemos que mucha gente se está quedando sin empleo”.


Los desafíos ante la pandemia

No se trata sólo de corporaciones multinacionales. Basta con pensar en cualquier negocio cerca de casa, dentro de los rubros esenciales para analizar cuánto hizo o dejó de hacer en materia de suministro y servicios, especialmente en los primeros meses de la cuarentena. ¿Han estado presentes la solidaridad, el compromiso con clientes y la comunidad? ¿Otros valores?

Las principales prácticas que las personas de negocios accionaron en los primeros días de la cuarentena se orientaron al apoyo de terceros -especialmente del sistema sanitario- con donaciones de insumos (caso Ron Santa Teresa con el alcohol), dinero, productos e incluso cambios en las líneas de producción para manufacturar artículos indispensables en la lucha contra el coronavirus. Por ejemplo, la empresa de cosméticos L’Óreal decidió fabricar geles desinfectantes. La cesión de conocimientos –específicamente patentes de equipos médicos- también ha signado la actuación empresarial, como por ejemplo, Medtronic.

En Venezuela la respuesta de los empresarios los ha convertido en una especie de “héroes”, con circunstancias muy distintas a las de sus colegas en cualquier lugar del mundo. Así nos lo han referido entrevistados a nuestro programa ‘Responsabilidad Social Hoy” tales como Víctor Guédez, Charo Méndez, entre otros. Explican que hombres y mujeres de negocios o los nuevos emprendedores se han esmerado en que la empresa sobreviva u operar a pesar de innumerables dificultades como acceso a insumos, servicios públicos, traslado del personal, preservación de la bioseguridad y del bienestar emocional del equipo de trabajo. No todos lo han logrado a pesar de los esfuerzos de adaptación y así, de alguna manera, el ejercicio de la responsabilidad social ha retornado a lo básico. Pero está presente el interés en cuidar de su propia gente y en atender al consumidor.

La voluntad del liderazgo empresarial venezolano de crear, canalizar o proponer soluciones desde la asociatividad y la cooperación se ha manifestado en este tiempo en acciones concretas. Por ejemplo, Fedecámaras con la propuesta de un plan nacional de vacunación en el que la empresa privada aporte desde su operatividad logística y recursos. O la organización e impulso -a través de la divulgación- que hace la Cámara de Comercio Venezolana Americana a las ONG’s que desde Estados Unidos se ocupan de brindar y canalizar asistencia humanitaria a la población.

Abundan los ejemplos de la empresarialidad interconectada para sumar valor a la sociedad en esta pandemia. Venamcham ha sido un factor clave para la interrelación entre actores motivados a conocer o mejorar su acción social y se ha adaptado con nuevos formatos.

Redimensionamiento del liderazgo

Según el informe “Approaching the future 2021” para la identificación de tendencias, conducido por Corporate Excellence, la gestión de la incertidumbre así como el mayor escrutinio de los grupos de interés ha llevado a los profesionales latinoamericanos a revisar su rol de líder. Tan importante es para las organizaciones su adaptación a la nueva realidad creada como lo es el fomento de un modelo de liderazgo denominado socialmente responsable. Significa que del ejecutivismo inspirador y modelador de innovación se evoluciona hacia el concepto de sujeto consciente, sensible, responsable y empático, practicante de esa visión del otro como legítimo otro que acuñó Maturana junto a mayores destrezas en la toma de decisiones.
Para 69,6 por ciento de los consultados en el citado estudio la pandemia ha cambiado su forma de liderar, independientemente del tamaño de la organización. En consulta propia a mandos gerenciales de empresas venezolanas quien suscribe ha notado la alusión a cambios personales de hombres y mujeres que se vieron en la necesidad de brindar soporte y orientación a sus equipos de trabajo en medio de la incertidumbre. Fortalecieron su propia resiliencia con las herramientas que ya tenían. Por ejemplo, 90.4 por ciento de los cuadros de mando de una empresa agroindustrial percibe que ha potenciado su ejercicio del liderazgo, y 80 por ciento no se siente sobrepasado por la emergencia.

Los dilemas éticos para el comunicador

Carmen Aristegui, periodista de CNN, indicaba en un foro durante los primeros meses del confinamiento que la pandemia estaba desnudando muchas cosas. Una de ellas era la desigualdad y la necesidad de darle voz a los sin voz.
En el caso de la comunicación institucional o corporativa estos tiempos del Covid-19 han abierto espacio para la conjunción de fortalezas y debilidades del comunicador con sus dilemas personales en momentos de alta volatilidad. En los recientes resultados del Global Communication Monitor en Europa se identifica que el cultivo de la ética es un desafío creciente para los colegas de la comunicación organizacional y relaciones públicas del viejo continente. Sobre sus hombros lleva la responsabilidad de incidir y asesorar a los líderes de la organización y a su vez mediar en la interacción de la misma con sus grupos de interés. La pandemia hizo que por lo menos una vez al día surgiera un reto de tipo ético en 64.8 por ciento de los encuestados. No es de extrañar que así fuese, ante lo inédito de la situación y la urgencia de las empresas en actuar ante la crisis. Incluso, el DirCom, por el necesario nexo directo con el alto mando decisor de la organización se vio en la necesidad de ser proactivo e inducir a la acción corporativa hacia los stakeholders.

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Refiere ese estudio que a mayor necesidad de desempeñar funciones de influencia, especialmente como agente externo, mayor la contundencia del desafío ético. El rol de consultor, asesor, coach o ejecutivo de cuenta 67,2 por ciento se vio en la necesidad encarar dilemas éticos, especialmente ante situaciones de complejidad. Un poco más que otras funciones más operativas. Ninguna estuvo exenta y aunque cada país tiene un contexto en particular que según las medidas de sus autoridades condujo a una mayor o menor intensidad del desafío.
¿Y qué hace el profesional ante los momentos complejos, inciertos y saturados de presión con alta carga moral? Apela por su espacio íntimo, configurado por sus valores y creencias personales (86, por ciento) como referente para las decisiones y consecuentes acciones. Y en menor instancia toma en cuenta tanto los códigos y reglamentos de la organización con la cual trabaja (76,5 por ciento) como las pautas dictadas por una instancia colegiada a la cual pertenece (57,5 por ciento). Será interesante contrastar tal realidad europea frente a la latina cuando próximamente dispongamos de los resultados del LCM 2020-21.
¿Es tiempo de hablar de responsabilidad global?
Los cambios ocurren aunque no puedan verse con claridad, aún. La tormenta sigue en curso, con variantes, con movimientos pro y contra vacunación, con actores emergentes en la economía y en la composición social de las minorías. Pero el ciudadano no queda fuera de juego. De sus competencias o de su dominio de la esfera digital se expanden las posibilidades de hacer virales contenidos y asuntos, de amplio alcance y multiplicación de conductas tanto para hacer el bien como hacer daño. Y puede suceder incluso en entornos con menores facilidades de conexión.
Así que comunicando con o sin mediatización digital hay consecuencias en el otro por lo que hago o dejo de hacer en situaciones de incertidumbre. Esa es la esfera de la RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL
Y también hay implicación sistémica en la toma de decisiones y acciones de cualquier actor social que como agente de cambio lidera pequeñas o grandes transformaciones. Lo que se hace o se deja hacer o decir en un punto del planeta puede impactar al mundo entero: es RESPONSABILIDAD GLOBAL, desde la metáfora del aleteo de la mariposa que identifica a la Teoría del Caos.
Por: Xiomara Y. Zambrano
@xiomarayamil

La llamada "nueva realidad" causada por la pandemia también llega a la responsabilidad social empresarial, especialmente al liderazgo.
Este trabajo publicado en Bussiness Venezuela No.383, Revista oficial de Venamcham).

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