Comunicar, mediar e inspirar

En la gestión del cambio en la organización, el impulso a la cooperación entre las personas que conforman equipos de trabajo y en la actuación corporativa como actor social que dialoga con su entorno, el comunicador lleva sobre sus hombros una gran responsabilidad.

La excelencia comunicacional de la organización, de acuerdo a los autores del modelo Comparative Excellence Framework (Moreno, Wiesenberg, & Verčič, 2015) se sostiene sobre dos instancias y cuatro dimensiones: la influencia que la función de comunicación ejerce a lo interno de la organización (ser una unidad asesora y/o ejecutiva) y el desempeño que la misma realiza hacia el exterior (organización como actor comunicante) expresada en lograr el éxito y nivel de competencia.

Dentro de esa perspectiva, el comunicador corporativo o institucional tiene una función mediadora, como agente de cambio. En los sistemas sociales, entre ellas la organización, el individuo en su relación con el Otro (u otros) adquiere significancia como agente influenciador. Su singularidad es la base y meta de la sociedad, considerando las implicaciones de su acción social, es decir, la consecuencia de su conducta manifiesta, en un hacer interno o externo, con un sentido subjetivo.

Entonces si vemos al comunicador organizacional como un actor social influyente, adquiere un sentido mediador altamente relevante, más allá del estereotipo clásico del relacionista público. De acuerdo a los resultados del estudio Latin American Comunication Monitor 2016-2017 liderado por Euprera -en el cual participamos activamente- los cambios de la vida actual han transformado el rol del profesional de la comunicación, sumando a las tareas operativas y de gestión de equipos (27 %), o las tareas de estrategias de alineamiento o engagement con los stakeholders (21%), y otras nuevas funciones en el plano del asesoramiento transformacional individual o coaching (17,4%). El dominio de las habilidades comunicativas, como eje para el entendimiento humano y la alteridad en sí, requieren de provisión de herramientas efectivas y asertivas.

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Y si se trata de una persona con uso consciente de esa responsabilidad, autocomprendido (o trabajando en ello), en uso consciente de su inteligencia intrapersonal potencia su rol mediador. Más aún, si a ello le incorpora el necesario desarrollo –también consciente- de la inteligencia interpersonal e inteligencia social y la conciencia de cómo sus propios sesgos inciden en sus patrones de pensamiento y elección.

Como sujeto influyente hacia el interior de la organización, en la toma de decisiones de terceros y propias, el comunicador amerita cultivar sus propias cualidades de líder emocionalmente inspirado y triplemente enfocado: visión a lo interno, externo y en los demás. El cultivo de tales habilidades permeará finalmente a todos los niveles y actores de la organización, y es esa la base aquellas de mayor evolución en la sociedad actual, las cuales dan tienden a dar énfasis al trabajo colaborativo, a los equipos de alto desempeño y las formas asertivas de conectarse con sus distintos grupos de interés.

Mediciones recientes en las organizaciones, como el estudio global How Report, exponen los logros de la transición del modelo de “gestión por obediencia ciega y sumisión informada” al estadio de auto-gestión (L.R.N, 2016), en el cual el liderazgo transformacional e inspirador es la clave para el progreso organizacional. Lo hemos visto de cerca y corroborado en nuestra práctica en la consultoría y en las múltiples experiencias junto a cofradías de empresarios. El líder inspiracional es un actor social que se alinea con su realidad emocional interna, en sincronía con los valores comunes y sentires del grupo que conduce, logrando su motivación. Es sujeto capaz de amplificar su visión hacia las señales del entorno, mediante una actitud empática, comprendiendo el grado de afectación que puede causar en él.

En ese relacionar estratégico, especialmente ante contextos signados por la incertidumbre y alta complejidad se requiere tener presente la inserción tanto del sujeto como de la organización en la dinámica de la sociedad informacional de Castells. La emergencia de una nueva cultura y condiciones tecnológicas ha implicado una reconfiguración del pensamiento humano, de la forma de relacionamiento en colectivo y de las fuentes de productividad y competitividad en las economías globales. Se trata pues de una configuración virtual de la actuación del individuo en sociedad, sumando el entorno digital a los ámbitos de naturaleza y urbano, facilitando la creación de riqueza a partir de la interacción, la innovación y el significativo impacto de la cooperación para la co-creación de nuevas realidades.

El comunicador, visto como actor social es un líder mediador e inspirador de cambios, en el entorno, en las comunidades y en los grupos sociales donde interactúa como ciudadano o como gestor de acciones e ideas en representación de una entidad. Está llamado a sumar valor a una empresa, organización social, movimiento civil, dependencia gubernamental o cualquier otra institución o actor particular que haga vida en la sociedad.

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El apoyo a los líderes y el resto de los actores de la organización en sus habilidades relacionales es una función emergente en el comunicador

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