¿A qué nos referimos cuando hablamos de “actores sociales”?

Es frecuente observar el uso de ese concepto en las declaraciones de voceros institucionales y opinadores de oficio, entre otros. El término lo suelen aplicar para aludir a individuos con nombre y apellido (de alto perfil mediático o de contundente influencia sobre terceros) grupos sociales o de presión, instituciones, stakeholders, públicos de interés, audiencias. Pareciera significar lo mismo, pero no lo es. Para comprender su importancia en la gestión de la RSE es necesario tomar en cuenta el lugar que ocupa la relación con el Otro.

En los sistemas sociales, ámbito donde opera la responsabilidad social, el individuo o en su relación con el otro (u otros) adquiere significancia como actor. Su singularidad es la base y meta de la sociedad, considerando las implicaciones de su acción social, entendida ésta como conducta manifiesta en un hacer interno o externo, con un sentido subjetivo. De acuerdo a Max Weber  (1922), se llama acción social aquella en la cual el sentido mentado por un sujeto o sujetos está referido u orientado en función de otros. Esta cualidad diferencia a la acción social de aquella que no lo es.

Nombrar a un actor como tal, de acuerdo a Fernando Reyes y Sergio Salinas (2002), requiere de elementos distinguibles, con un visible sentido del actuar e intervención en el mundo, de producir “situaciones históricas”[1] y autocomprenderse en un sentido de pertenencia hacia un grupo necesariamente definido. En este concepto de actor social prevalece la capacidad del sujeto en ver, definir y estructurar una realidad de la cual se es parte. Hay un elemento dinámico e intersubjetivo en el actor social, cuando manifiesta la experiencia del Para-otro, y cuando la sociedad reconoce un grupo provisto de conciencia como los “hacedores-de-algo”.

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Explican Reyes y Salinas que un actor social posee atributos de reconocimiento explícito  para ser tal, debe ser reconocido por otros actores que identifican su actuar: “Ellos los-que-hacen-esto” (los empresarios, por ejemplo). Otro rasgo clave es la formulación y difusión de demandas metasociales o deseos de transformación cultural, sin pretensiones de  poder o movilización de calle. De modo que los actores sociales tienden a lo tribal y al dominio de espacios parciales en los que se juegan ideales de autonomía, participación, y desarrollo de potencialidades humanas.

En la organización y revisión que González (2007) hace de la terminología de Nikklas Luhmann en su Teoría de los Sistemas Sociales (1984), la noción de actores sociales es sistémica: configuran un entramado social contemporáneo como un conjunto extendido de sistemas relativamente autónomos que se diferencian entre sí.[2] Esto último es imprescindible para la evolución social, y al interrelacionarse tiene que haber claridad en sus atribuciones y en sus posibilidades de selectividad, mediante un ejercicio de permanente redefinición de los mecanismos de diferenciación. Por otra parte, el actor, en sentido amplio sólo podrá operar como tal, en tanto sea capaz de autonombrarse, de auto-comprenderse; por ello es básica la comunicación capaz de brindar herramientas en la distinción con otros sistemas y con el entorno. La comunicación en esta teoría es concepto clave para en el abordaje de los actores, al enunciar que la sociedad se compone de comunicaciones entre hombres. La efectividad de la comunicación es posible cuando las distintas partes sean conscientes de la capacidad que tiene cada una de ellas para seleccionar una determinada pregunta, respuesta o acción, aceptación o rechazo de un determinado mensaje.

Luhmann focaliza su análisis en las funciones sociales que los actores llevan a cabo y los relacionan con un determinado sistema social, que los configura, los sobrepasa y trasciende, al ceñirse a un conjunto determinado de acciones y normas. El acoplamiento individuo-organización social es mediatizado por la comunicación, siendo ésta a su vez el instrumento para el relacionar, paso necesario en la construcción social. Dentro del relacionar, el concepto de comunicación se hace imprescindible. En la Teoría de los Sistemas Sociales, signada a su vez por los aportes de Bateson, Maturana y Varela, entre otros autores, la comunicación es un acto netamente social, vinculado a un entorno, que tiene lugar entre sistemas con capacidad auto-referencial. Conciencia y comunicación son elementos vinculados y co-dependientes.

En esa misma dirección, en el propósito de comprensión del actuar social, se incorpora el concepto de relación social. Previo a las discusiones contemporáneas de marcada inclinación sistémica,Max Weber había aportado definiciones en ese campo. Por tanto, la relación social es una conducta signada por la pluralidad, la reciprocidad y fundamentalmente la probabilidad de que las partes actúen en un sentido establecido. Las expectativas y los fines orientan la activación y desarrollo de las mismas, diferenciándose relaciones sociales transitorias de las permanentes. Sobre estas nociones Weber enfatiza la existencia de contenidos que confieren orden y validez a las relaciones, a partir de las cuales se desarrollan nociones básicas para las ciencias sociales. Para efectos de comprender la vinculación con la responsabilidad social, se toman de Weber  los siguientes conceptos:

  • Comunidad es entendida como una relación social en aquellos grupos en los que “la actitud en la acción social en el caso particular por término medio o en el tipo puro se inspira en el sentimiento subjetivo (afectivo o tradicional) de los participantes de constituir un todo” (p.33).
  • Sociedad: Es una relación social “cuando y en la medida en que la actitud en la acción social se inspira en una compensación de intereses por motivos racionales (fines y valores) o también de una unión de intereses”. Descansa en un acuerdo o pacto racional por declaración recíproca (p. 33).

La diferencia clave se encuentra en la intención y cálculo que diferencia a la sociedad de la comunidad, con una implícita necesidad de creación de un orden que permita su existencia y operación. Mientras que la membrecía o adhesión a una comunidad, por ser de índole afectiva, da a entender que se puede formar parte de la misma sin estar consciente de esa pertenencia, ni de los fundamentos que la promueven. Simplemente, nace del deseo de estar dentro de un espacio social con identidad diferenciada. En ambos casos, se trata de relaciones sociales.

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Ejemplo de un mapa de stakeholders o grupos de interés para una empresa industrial venezolana, a partir de la alta complejidad de sus relaciones y la dinámica de las fuerzas influyentes

Desde otro punto de vista, Morin (1996), desde el paradigma de la Complejidad o pensamiento complejo establece que las relaciones ocurren en dos maneras: entre las partes de un sistema, o entre los sistemas en sus relaciones mutuas (y por tanto como parte de un metasistema referente). En cualquiera de ambas se puede optar por describir a las partes de un sistema como subsistemas, o identificar un sistema de alcance mayor o metasistema que englobe a las organizaciones interactuantes (un holding empresarial, por ejemplo y sus respetivas “filiales” o divisiones productivas). Las relaciones se fundamentan en los procesos de intercambio inter-organizacional y, de acuerdo al bucle tetralógico característico del paradigma de la complejidad, constituyen las interacciones que, según el momento, actúan dentro de un caos o de un orden. Desde el punto de vista biológico, las mismas son vistas como campos de permanente afectación entre estructuras conectadas.

 

De igual modo lo explica Maturana (1990) en el estudio de las interconexiones entre los individuos –de las cuales van dando lugar a la conformación de relaciones según su tendencia a la reproducibilidad– la conducta es definida metafóricamente como danza de relaciones externas o “los cambios de postura o posición de un ser vivo, que un observador describe como movimientos o acciones en relación a un ambiente determinado” (p. 92). Por lo que las relaciones son posibles en el ser de la organización–sistema, y éste, a su vez, es tal en tanto sus partes interactúen entre sí.

Siendo así, mediante el relacionar –o religar– al estudiar sistemas con un alto componente humano y describirlos como campos unificados, el observador tendría que valerse de preguntas tales como: ¿Cuáles son esos elementos que generan coincidencia? ¿Se dan en forma natural o inducida? ¿Qué incidiría para que las interconexiones sean más recurrentes, y más aún, para que se activen? La realidad relacional opera entre el individuo y los otros y desde la mirada de la física cuántica, coexiste entre ellos una dinámica permanente, con infinitud de posibilidades de movimientos entre las partes, así como de influencia que las mismas ejercen entre sí.

Las relaciones muestran las consecuencias de los procesos de transmisión de información intrínsecos en la comunicación (ya descrita desde su función de inducir perturbaciones con potencial transformativo). Esto puede complejizar aún más la descripción de una relación como un todo, en la medida en que se identifiquen en las inter-relaciones procesos de mediación entre las partes, con efectos o consecuencias en terceros y en el sistema o todo. Para entender la posibilidad del acoplamiento social efectivo ­– uno de los ejes conceptuales intrínsecos a la responsabilidad social ­– es pertinente el modelo de alineamiento social de Austin y Reficco (2005), especialmente en la identificación de actores sociales para la construcción de alianzas.

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Los actores sociales configuran un conjunto extendido de sistemas relativamente autónomos que se diferencian entre sí

 

La comprensión del concepto de actor social tiene estrecha vinculación entre el pensamiento complejo y la intersubjetividad de los sistemas sociales. Vale hacer referencia al modelo de Leonardo Shvarstein (2003) sobre Inteligencia Social, definido como conjunto de competencias necesarias para el cumplimiento de la responsabilidad social de las organizaciones (p. 68), sitúa al sujeto como el centro de la acción en vez de la organización (empresa o institución):

“Si un individuo es socialmente inteligente, pero el contexto organizacional no está orientado al cumplimiento de la responsabilidad social, la única forma que tendrá de desarrollar su potencialidad será como actor, actuando por propia elección y no como personaje en el cumplimiento de las demandas sociales de su rol” (p.70).

En este planteamiento cabe la potestad del ser en acción trascender o sustraerse de un papel asignado (o aceptado), plegándose a su condición primigenia de actor social. Por lo cual la acción mandatoria organizacional (en el caso de una institución pública fuertemente impregnada de doctrina político-partidista) no es un espacio limitante para quien asuma conscientemente el vínculo entre su capacidad transformadora y su accionar social. El desarrollo de redes socialmente inteligentes se centra en las competencias del individuo, tal como se observa en la Tabla No.1.

Tabla 1. Competencias integradoras de la inteligencia social

 Competencias

Intrapersonales

Competencias

Interpersonales

  • Conciencia de sí: conocimiento de la propia condición social, de cómo uno llegó a ella, de cuáles son las propias necesidades sociales.
  • Autorregulación: restitución del equilibrio en caso de alteración en la satisfacción de esas necesidades.
  • Motivación: orientación a la satisfacción de las propias necesidades sociales.
  • Pensamiento sistémico: posibilidades de relacionar las necesidades sociales de los distintos actores en un mapa causal que las integre con otro tipo de necesidades (económicas, políticas, culturales), promocionando la sinergia social.
  • Empatía: identificación con las necesidades sociales de los otros; reconocimiento de la satisfacción de las necesidades sociales como explicación de la conducta de otros.
  • Influencia: movilización de las personas hacia la satisfacción de necesidades propias y ajenas.
  • Resolución de conflictos: actualización en situaciones de confrontación derivadas de la satisfacción de necesidades sociales, tendiendo a promover relaciones de cooperación para tal fin
  • Comunión: establecimiento y favorecimiento de lazos sociales solidarios.
Tomado de: Schvarsrtein, L. (2003). La Inteligencia Social de las Organizaciones. (p. 81)

Estos dos ejes de competencias –intrapersonales e interpersonales–  representan la integración del autor del modelo de Daniel Goleman  sobre inteligencia emocional junto con los de otros autores en el campo cognitivo y sistémico.

actor-social-2En el caso del emprendedurimo o emprendimiento estos conceptos son significativamente relevantes, dado el peso que tiene la identidad y auto-referencia en la noción emprendedora para quien decide “ser parte de” una corriente social de individuos con vocación empresarial, aún sin haberse reunido nunca, físicamente, con sus pares.

En cualquier caso, bajo esta perspectiva se propone el entendimiento del sujeto en su complejidad cognitiva y la multiplicidad de su vida social. El nexo con el Otro es vital, especialmente por el sentido que confiere a las relaciones que construye y los grupos/conceptos a los cuales, temporal o permanentemente, se identifica como parte de los mismos, por encontrar afinidad y semejanza.

 

[1] En la producción de situaciones históricas Reyes no se refiere a la duración de una actividad, o de un hecho. Es preciso identificar en ella un ser-para-sí (nosotros-sujeto) y su correspondiente ser-en-el-mundo (intervención en el mundo).
[2] En Luhman la sociedad es vista como un conjunto de sistemas que compartirían un entorno común: el Sistema social, el Sistema psíquico, el Sistema máquina y el Sistema vivo, que conforman –a nivel “societal” – un entorno macrosociológico de creciente complejidad. De acuerdo a la explicación de González (2007) esa perspectiva de influencia cibernética, a mayor nivel de desarrollo de los distintos sistemas sociales, mayor tiene que ser su diferenciación para desenvolverse socialmente, con el objetivo de permanecer, adaptarse, reproducirse y evolucionar al interior de un entorno que –por decirlo de alguna manera– los desafía.

 

 

 

 

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