El estudio de los actores sociales, su impacto y huella ha ocupado buena parte de mi atención como profesional de la docencia y la consultoría.
Comencé mi ruta profesional con estudios universitarios en Comunicación Social, para luego sumarle académicamente un postgrado en Gerencia y luego el doctorado en Ciencias Sociales.
Cuento con larga y satisfactoria trayectoria en Venezuela, y más recientemente, enlas Islas Canarias donde resido. Son muchas las historias y los proyectos, la mayor parte de ellos apoyando a las empresas, a sus trabajadores, a sus marcas, a las ONGs y a los estudiantes.
El haber trabajado estrechamente con líderes empresariales y sus organizaciones gremiales en Venezuela y América Latina me ha permitido consolidar un sólido conocimiento y comprensión de ese sector. Fui honrada con el Premio Anual al Periodista en Responsabilidad Social otorgado por la Cámara de Comercio Venezolano-Americana (VenAmCham), reconocimiento que refuerza mi compromiso con la promoción de la sostenibilidad y la responsabilidad social empresarial.
El momento de reinvención y nuevos aprendizajes llegó tras mudarme a Tenerife. Hora de nuevos retos y oportunidades.
La experiencia como voluntario es transformadora. Tanto para la persona que decide por cuenta propia sumarse activamente a una buena causa, como para el Otro y para la empresa que emprende el sendero del voluntariado corporativo.
Para ahondar en las implicaciones y vertientes del voluntariado tuvimos la oportunidad de entrevistar a Iraida Manzanilla, VP de la Asociación Internacional del Esfuerzo Voluntario, en nuestro programa Responsabilidad Social Hoy.
Se llama voluntario a la persona que logra poner su solidaridad en acción, con tres «T» que implican tiempo, talento y trabajo.
Así lo define y con ello hace énfasis en que «hay muchos voluntarios de lista, el que se anota y a la hora de ejecutar, arruga». Enfatiza que no se trata de dar cosas. Se trata de darse uno mismo al otro, para dejar huella. Sentarse a trabajar con una persona para buscar una solución, y hacerlo con humildad. No es lo mismo ser solidario, que ser voluntario.
Porque, «no es lo mismo comprar una rifa para los fondos de una causa noble, que dar de tu tiempo y de tu talento. Implica involucrarse. Con un sentido transformador, por muy pequeña que sea tu acción». Cita como ejemplo de esa huella el pasar dos horas con un grupo de niños, y que ellos se queden esperando el momento en que regresarás. O cuando se hace uso de su capital social para ayudar a conseguir recursos. O se decide ser mentor de estudiantes. O coach.
La tendencia actual en este tema es asociar esa práctica con las habilidades personales, ese talentos del te sientes orgulloso y dominas. Contrariamente a la creencia judeo cristiana, el voluntariado no es sacrificio, sufrimiento o martirio para el bienestar del otro, aunque a veces toca actuar en momentos dificiles.
¿Todos podemos ser voluntarios?
“La solidaridad esta en el ADN de todos, claro que todos pudiéramos desarrollar esa capacidad. Depende de lo que el ambiente te lo pida y de lo que estés dispuesto.
¿Cuál es ese detonante que hace a una persona decidirse a ser voluntario?
Hay diferencias culturales importantes en este tema. En los países anglosajones, 3 de 4 personas han hecho voluntariado alguna vez en su vida. En nuestra cultura judeo cristiana esto ha tenido una connotación más bien de sacrificio, abonar puntos para ir al cielo. En cambio, en la actualidad se valora muchísimo más lo que uno recibe, porque genera una transformación. Primero en uno mismo y luego en los otros. Te ayuda a conocerte más, y de hecho hay personas que deciden vivir esta experiencia para saber más de si mismos, explorar hasta donde son capaces de llegar.
¿Cuáles son los espacios o campos del voluntariado?
Mientras tengas la voluntad de hacerlo, el campo en el voluntariado es muy amplio, infinito. Tienes que pensar con qué te relacionas mejor, trabajar con niños, ancianos, espacios de la naturaleza, entre otros, va a depender muchísimo de la inclinación que prefieran las personas”, agregó la también socióloga. Saberlo te hace ubicar con qué tipo de organización te puedes sumar como voluntario.
¿Hay un momento en la vida que impulsa esa decisión?
La juventud es el momento ideal. Es el momento de las pasiones y las causas. Si se siembra en la niñez, luego lo harás. Existe un mito sobre el tiempo, como excusa porque estudias, trabajas, tienes hijos. El voluntariado puede ser muy significativo aunque sea una sola vez al año. La verdad es que cada quien puede hacerlo ubicando qué quiere hacer, y donde. Siempre hay tiempo, lo que tienes es que organizarlo bien. La gente más comprometida es la más ocupada.
El camino hacia el voluntariado corporativo
Indagamos con Iraida sobre el quehacer de esta práctica en las empresas, la cual pareciera haberse extendido en los últimos tiempos.
¿Qué debe hacer una empresa que quiera tener su propio voluntariado?
El primer paso es tener bien claro su política de responsabilidad social. Y de allí se desprende que el voluntariado es una herramienta para trabajar su dimensión interna que son sus empleados, junto con la dimensión externa como lo es la comunidad.
Se tiene que plantear la pregunta: ¿por qué lo quiere hacer? ¿Para desarrollar a su gente? ¿Porque siente que tiene un compromiso con la humanidad? Porque quiere demostrar qué es lo que la empresa hace? Son los tres círculos de los que yo siempre hablo.
A veces ocurre que los programas de voluntariado comienzan a partir de iniciativas de los propios colaboradores. Allí hay que sentarse con un equipo, evaluar y montar el caso de negocio. Hay que verlo así, y ver el beneficio que el voluntariado representa para la empresa, para su gente y para la comunidad.
En esto hay empresas que encuentran que el voluntariado es una vía para el desarrollo de su gente. Generas reflexión, conocimientos, trabajo en equipo, lo que se llama habilidades blandas y que permiten un buen clima organizacional.
La evolución del voluntariado en Venezuela
En opinión de Manzanilla, el desarrollo del voluntariado en Venezuela ha sido una toma de conciencia. «Ha sido el primer país que se planteó por primera vez -y eso está bien documentado- que las empresas tenían un compromiso social. Y de allí salió el Dividendo Voluntario para la Comunidad. Fue el primer grupo de empresarios que se lo propuso». Agrega que los venezolanos hemos tenido que ir confrontando situaciones que no imaginamos, siempre pensábamos que era responsabilidad de los otros. Pero resulta que la Constitución dice que somos corresponsables del desarrrollo economico social, y cultural. Es la pregunta que nos hacemos en momentos tan críticos como este.
¿Significa redimensionarse como ciudadano?
Exacto. De alguna manera somos una especie en extinción aquellos que tenemos formación moral y cívica, como una materia del colegio. Dábamos por sentado que todos eran buenos ciudadanos. Y aunque esto no implica necesariamente la solidaridad, el momento que vivimos nos está haciendo entender mejor nuestro papel de buenos ciudadanos.
Respecto a los jóvenes, reitera lo que muchas investigaciones sobre millenials dan cuenta, y es que para ellos el voluntariado es un espacio que les permite darle sentido a su vida. En Venezuela, la realidad ya llevado a los jóvenes a tener una clara visión de país y ver donde y como ellos pueden aportar. Las herramientas digitales les ayudan.
Audio de la entrevista disponible haciendo click aquí
Más que sacrificio, un voluntario es quien se entrega al otro desde lo que sabe hacer y le gusta
La valoración del Otro, desde la mirada de lo político y lo religioso, es presentada por un estudio realizado desde el CIC-UCAB
La fraternidad es una palabra-valor-concepto clave que emerge como urgencia social en el momento actual de la sociedad venezolana. La frase “igualdad sin fraternidad, a fin de cuentas, tampoco es igualdad” expone un espacio de oportunidad para desarrollar la noción del otro como ese legítimo otro que requiere una sociedad de genuina y sana convivencia, y que en la actualidad, no lo es.
Este tema es el trasfondo y una de las conclusiones que aporta el estudio que sobre las creencias y la creación de valor en el convivir del ciudadano, realizó el Centro de Investigación de la Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB. El mismo es el eje del libro “Público y Sagrado: Religión y política en la Venezuela actual” y tuvimos la oportunidad de conversar con Carlos Delgado Flores, uno de sus coordinadores, en el programa “Responsabilidad Social Hoy”.
Escucha la entrevista completa a Carlos Delgado Flores, haciendo click aquí
Con un enfoque comprensivo sobre la alteridad, desde la dimensión política y la dimensión religiosa, y bajo datos de origen cualitativo y cuantitativo, se pretendió explorar el pensamiento del venezolano, a partir de sus creencias, para luego comprender su práctica política y muy especialmente cómo es su forma de crear comunidad, de convivir. “Es distinto a ser parte de algo, de ese sentido de pertenencia. El enfoque es la relación con el otro y mi representación del otro” comentó Delgado Flores.
En la obra la alteridad es definida como “el esfuerzo de reconocimiento del otro, que es lo que permitirá ayudarme a mí mismo”. Sin embargo, los resultados del estudio parecieran llevar a una realidad social donde lo que pareciera estar privando es una visión y una práctica donde se tiende a lo intimista-individualista (60% de los resultados obtenidos).
«La cartografía social es entender la realidad como un territorio que vale la pena representar para poder entenderlo de una manera más compleja».
La investigación propone una interesante tipología que permite la caracterización del grado de apertura al otro, según su grado de sociabilidad, confianza y afirmación personal. Estos son: solitario/intimista, legalista/moralista, negociador/mágico, agente/comunitario. “No son puras, son tipos ideales. Va desde la polaridad cierre –apertura al otro, hasta el atribuir o no la responsabilidad de mis actos a fuerzas exteriores”.
Lejos de encontrar absolutos o explicaciones mecanicistas, se muestran ventanas para la identificación de rendijas para caminar hacia una sociedad democrática. Lo ratifica en la entrevista Delgado Flores que “El agente comunitario existe y todo venezolano en algún momento tiene esos rasgos, así como del solitario puro. Depende del contexto”. Y este tipo es descrito como aquel que, desde la responsabilidad de sus actos, crea comunidad.
“Lo deseable es que todos seamos agentes comunitarios y esa mayor inclinación la tenemos en las comunidades base, como los barrios”. Según las interpretaciones del equipo de investigadores que participó tanto en el estudio como en el libro, lo contingente, lo misericordioso, influye, es constructivo.
“Lo mejor de la democracia es que permite el bien común para que la sociedad avance”
Aún cuando se reconoce que hay un déficit de confianza, también se identifican rasgos esperanzadores de cara a la modernidad, reinterpretando al moralista, al legalista quien de alguna manera u otra se apoya en la ley para reforzar su superioridad moral. Los investigadores han sido enfáticos que el capital social de puentes, es más crucial para la construcción de sociedades democráticas.
Como reflexión nuestra, tras la conversación con Delgado-Flores y la imprescindible lectura del libro (*) , se avizora como reto la urgencia del aprender a llevar y ejercer el rol ciudadano, en su complejidad de realidades. Donde lo íntimo y lo social no compiten, sino que resitúan sus límites y aperturas, y se colocan a voluntad, puentes para experimentar al Otro tan distinto o tan semejante. Para el momento del citado estudio (2016) en la dinámica de los procesos sociales en Venezuela no había surgido lo que en la actualidad, a nuestro juicio, pudiera estar evidenciando un incipiente repunte de voluntariedad y activismo ciudadano, por y para el otro, mediante el surgimiento de pequeñas organizaciones civiles y asociatividad.
(*) Tanto la investigación como el libro estuvieron también bajo la coordinación del profesor e investigador Jaime Palacio Rada. Fue publicado por Abediciones y la Fundación Konrad Adenauer, como parte de la colección Visión Venezuela.
La respuesta a esa pregunta tiene diferentes variantes matices, variantes, o enfoques. Aprovechamos la oportunidad del primer aniversario de nuestro programa Responsabilidad Social Hoy, en Fedecámaras Radio, para consultar a una voz experta, de proyección internacional.
Se trata de Celina Pagani-Tousignant, nacida en Montevideo, Uruguay y con muchos años residenciada en Estados Unidos. Posee una larga y reconocida trayectoria como asesora de empresas en Estados Unidos, América Latina, Asia y Europa; además de ser profesora de instituciones como el Centro de Ciudadanía Corporativa del Boston College, de la Universidad John Kennedy, Tecnológico de Monterrey, entre otras.
Comenzamos preguntando a Celina por la base del tema: ¿La responsabilidad social es un asunto de quién? ¿Le corresponde liderar al empresario? ¿O acaso al activista, o al gobernante?
Fíjate, eso se ha estado debatiendo por años, si le competía al sólo al gobierno. Pero luego del 2000 las empresas se comenzaron a preguntar qué parte les toca, y aunque las ONG siempre han estado muy activas, la incursión de las redes sociales ha habido un mayor auge de la sociedad civil. Ahora la gente tiene más posibilidades de alzar su voz, de protestar, o de crear iniciativas. Todos los sectores se tocan.
El mundo sigue avanzando, velozmente, y con ello la gestión de la responsabilidad social y el desarrollo sostenible. A tu juicio, cuáles son las principales tendencias que los negocios deben atender en la actualidad?
Son muchas, y esta es una pincelada rápida de una lista que se abre en distintos subtemas:
Lo primero es lo referente a los derechos humanos. Se espera que las empresas tengan una línea en ese tema, con prácticas y políticas en cuanto a los estándares globales emergentes. Pero lo que se está discutiendo, los subtemas, tienen que ver con el empoderamiento de la mujer para poder alcanzar la agenda 2030, la igualdad de género, no sólo en el lugar de trabajo sino también en la cadena de valor, la lucha de las minorías, etcétera.
Segundo, la economía circular. Acaba de suceder en Davos que la sociedad debe ir más allá del reciclado. Para las empresas es importante comenzar a pensar y crear productos dentro de este concepto. Estamos hablando de innovación de productos, de nuevos modelos de negocio y colaborar con otros. Por ejemplo, la economía circular para el plástico.
Otro tema es la llamada Cuarta Revolución Industrial. La primera fue con la máquina de vapor, la segunda, 100 años después, la producción en masa, y la tercera con los años 60 del siglo XX con la llegada de las computadoras. Y ahora, en la cuarta revolución se integran lo biológico y lo tecnológico, el uso de la inteligencia artificial y el blockchain, la ciberseguridad y la privacidad de los datos.
Celina profundiza un poco más e introduce el aspecto ético, al conducir a la necesidad de dar respuesta a mútiples interrogantes sobre en el futuro del trabajo. Indica que hay que revisar el nuevo contrato social, qué pasa con los robots y los puestos de trabajo. Hay que pensar en la capacitación, la protección social. A ello agrega, como tendencia, las estrategias para la incorporación al trabajo de las nuevas generaciones, los milenials, los Z, los migrantes, los refugiados… “hay una gran cantidad de subtemas acá”
«El riesgo del cambio climático continua siendo tope en las agendas. No sólo en el uso de la energía limpia, el cuidado de la diversidad, etcétera y los pocos años que quedan para esta transformación».
También están las expectativas del consumidor. Este espera ahora lo que se está llamando como activismo corporativo, en el que el CEO de una compañía se ubica en un tema social importante y lo hace público. Por supuesto con la transparencia.
A tu juicio, las tres fuerzas inicialmente mencionadas por ti (sociedad civil, empresas, gobiernos) están actualmente en sintonía para avanzar en la agenda 2030?
Hay gobiernos en el mundo que están distraídos y se salen de los temas mundiales importantes, y se distraen con otras cosas. Y hay otros que están muy enfocados, como lo son Dinamarca y Costa Rica. No se trata solamente de las economías más desarrolladas. Hay mucha variedad. En las empresas lo ves, hay unas que están muy avanzadas, tanto grandes como familiares o estatales. Y después otras que crees que porque son grandes o influyentes están en ello, se tiene esa expectativa, y no lo hacen. No lo tienen integrado, lo ven como algo periférico.
Y en cuanto a la sociedad civil, hay partes en el mundo donde las ONG todavía no están bien organizadas, como Asia o tal vez partes de Latinoamerica donde la sociedad no está tan despierta. Hay mucha actividad en relación con hace 30 años, pero no como quizá debería estar. Esa es mi humilde visión.
Las tendencias en la región
En América Latina tienen presencia, en las economías locales, las empresas familiares. Según tu vivencia, hay brechas con esas tendencias?
Si, como bien lo dices, viajar por el continente me ha permitido ver y conocer como es el tema en la gran empresa, en las estatales, familiares, Pyme, multinacionales… y me he dado cuenta que hay diferencias regionales en el mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos, ves un gran movimiento entre las empresas privadas grandes o publicas que cotizan en la Bolsa y ves sus reportes de sostenibilidad, donde este es un paraguas grande que define la estrategia del negocio; y después ves las otras que mantienen separado lo social de lo ambiental. Y cuando conoces lo que hacen, no es tan innovador aunque pudieran estar haciendo mucho más.
Cuando ves hacia América Latina es muy interesante porque hay organizaciones que apoyan estos temas. Están ayudando a las empresas a entender el paso del concepto de la responsabilidad social a la sostenibilidad. Esto se está discutiendo, que no quiere decir que ya se esté haciendo, pero lo por lo menos hay un gran movimiento. En países como Costa Rica se habla de la triple utilidad y ya se está colocando a la sostenibilidad como pilar de la estrategia del negocio. En América Latina he encontrado que las empresas familiares grandes, y especialmente en aquellas que tienen oportunidad de extender sus negocios en otros países cercanos…
Una multilatina?
Si, aunque no necesariamente negocios tan grandes. Quizás una que abre en otro país y al buscar fuentes de financiamiento se encuentra que le piden un reporte de sostenibilidad, un estudio ambiental… Y ya se dieron cuenta que para conseguir financiamiento tienen que alinearse y tienen que demostrar que están trabajando en estas cosas.
Cuál es ese click que, según lo que has visto, lleva a un empresario a esa incursión técnica en responsabilidad social?
Muchas veces lo que encontré en las juntas directivas es un señor que es el padre, es un filántropo, que se ocupó de un tema y que no entiende los nuevos conceptos, sólo entiende lo antiguo. A la vez tiene un hijo o una hija que le están hablando del nuevo lenguaje. El padre tiende a resistirse… Entonces, lo que vamos a ver en esta parte humana que es la parte corazón, porque ya hay algo que la empresa está haciendo.
Menciona Celina que aquí viene el reto técnico de redefinir y avanzar de la tradición filantrópica para hacer ver que hay algo nuevo que también es bueno para la empresa.
La responsabilidad social y la sostenibilidad en el futuro de Venezuela
Celina Pagani conoce la realidad del tema en Venezuela, país que ha visitado en múltiples ocasiones, de la mano de CEDICE y otras instituciones. Le comentamos que durante el primer año del programa varios de nuestros entrevistados hicieron hincapié sobre el lamentable retroceso que en la materia han tenido las empresas en Venezuela. La gestión se ha enfocado en dar asistencia a sus empleados ante el drástico deterioro de la calidad de vida. Ante ello, queda la duda si es posible insertarse en esas tendencias globales ya mencionadas.
Durante un taller en Venezuela
Qué desafíos avizoras para un país, como el nuestro, en un proceso de construcción de una nueva sociedad?
He ido a Venezuela por varios años y he visto los cambios que han sucedido. Se lo difícil que ha sido para las empresas que han quedado y para distintas partes de los segmentos de la sociedad. Fíjate que una de las primeras cosas que se tiene que preguntar cada sector es cuál es mi rol en la sociedad, porque la Venezuela de hoy es otro país.
Lo que vas a ver es que aplicar todos estos conceptos no es tan difícil porque:
Número uno, la sostenibilidad va a estar en todas las conversaciones. Sí, tenemos que empezar con los temas sociales, tal vez allí es donde hay que empezar, pero no tienes que hacerlo desde la forma asistencial del pasado. Puedes hacerlo en una forma mucho más estratégica, con las tendencias de lo que está sucediendo ahora…
El empoderamiento de la gente….
Exacto, así es en forma estratégica. Luego, número dos, hay agendas mundiales muy fuertes a las que Venezuela se puede alinear con una gran cantidad de recursos. Y después, me doy cuenta de que a pesar de que se ha ido mucha gente también ha quedado personas muy comprometidas. Y lo mismo pasa con los empresarios. Y los jóvenes, que también tienen la esperanza de un país mejor para ellos. Tengo mucha confianza.
La comunicación permite construir realidades sociales y reinventarlas constantemente, en la certeza de la mutabilidad de los contextos y la necesidad, a la vez de conservación de los sistemas sociales. Por otra parte, la responsabilidad social, vista como un campo de acción transdisciplinaria, tiene su fundamento en la conexión humana, con propósitos de cambio. Y requiere de divulgación, sensibilización, concienciación, instrucciones claras y dar cuenta de lo realizado, en forma transparente, creíble.
Así lo vimos este 2018 en nuestro programa radial Responsabilidad Hoy– trasmitido por Fedecámaras Radio- y en las postulaciones para la categoría Comunicación en los IX Premios Corresponsables. Este galardón fue creado por la Fundación Corresponsables, de España en alianza con importantes instituciones públicas y privadas, para reconocer la meritoria labor de organizaciones iberoamericanas en los distintos ámbitos de la responsabilidad social.
Tuvimos el honor de formar parte del jurado –conformado por académicos de 11 países- y conocer la multiplicidad de experiencias, todas de alta calidad. Se presentaron 237 iniciativas de España y 264 de Latinoamérica.
Todos los casos como nos muestran, sin excepción, la transversalidad de la gestión comunicacional para la mediación, inspiración o el impulso hacia una transformación, en el micro o en el macro mundo de un actor social. Ellos manifiestan distintas maneras de abordar y resolver necesidades que explícita o implícitamente los conectan con los Objetivos del Desarrollo Sostenible.
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Estas iniciativas sitúan a la responsabilidad social como un extenso campo de oportunidades para la innovación, la creatividad, la inspiración y las distintas posibilidades de ser co-creadores, junto con otros, de bienestar para el ser humano y para el planeta.
Se observó la riqueza de la variedad y fue difícil calificar cuál es la más importante, o más efectiva, y cuál es la que merece un premio, descartando otras. Todas las postulaciones tienen el mérito de actuar para lograr un cambio constructivo en las vidas de las personas, ya sea como consumidor, educador, ciudadano, emprendedor, trabajador, servidor público o cualquier otro rol dentro de la sociedad. Se trata del vínculo entre unos y otros, de maneras de conectarse con la gente, y entenderse. Es bien valioso observar que esto se hace, y se hace bien. En un mundo de fake news y del abrumador ruido que protagonizan los sucesos lamentables y escabrosos, es necesario resaltar y hacer eco del lado constructivo de la acción humana.
Nuevamente, nuestro agradecimiento por haber sido parte de la experiencia.
Pieza de la campaña «Lazos», bajo la promoción y auspicio de la empresa privada mexicana y el voluntariado civil.
Algunos los llaman héroes, cuando suelen hacer frente y encaran con éxito la adversidad extrema. Otros los llaman soñadores que logran la alquimia necesaria para hacer que las cosas sucedan, incluyendo la ganancia. Tras la historia de una empresa, hay un ser protagónico llamado con insistencia, hoy en día, emprendedor
Hablar de empresa es hablar del resultado tangible de organizar procesos y recursos, conjuntamente con la articulación de personas. Se trata de un sistema de producción con identidad y con propósitos definidos, con expectativas de ganancias, de acumulación de capital y de sostenimiento de sus operaciones en el mediano y largo plazo.
Y nada de ello sería posible de no existir la figura del emprendedor, de ese ser humano con sentido de empresarialidad. Un empresario es un emprendedor (y no necesariamente al contrario, porque hay distintos tipos de emprendedores, fuera del contexto económico).
La empresarialidad, vista como vocación, es intrínseca al individuo que emprende un negocio. Implica la convergencia de talento y de motivación al disfrute y sentido del logro, de satisfacción por los resultados de la movilización de energías.
Capitalista o agente de cambio?
Los expertos en el tema suelen situar en el siglo XIX al economista Jean Baptiste Say, quien bajo la influencia de Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill[1]y su propia experiencia, desarrolló los conceptos clave que distinguen a un empresario y que posteriormente fueron tomados por Joseph Schumpeter (1912) en su Teoría del Desenvolvimiento Económico, en la cual se explica la relevancia del emprendimiento, como hecho fundamentado en la innovación y el aprovechamiento de las oportunidades, tomando en cuenta que el significado de la actividad económica es la satisfacción de necesidades. Y frente a estas, el indisoluble efecto de la utilidad marginal en su rol de coeficiente de selección. Para este autor la racionalidad es parte del hecho económico. Es imprescindible en el individuo tanto la capacidad de encarar las pérdidas y ganancias, como la capacidad de adaptación ante los cambios espontáneos de los datos a los cuales se había acostumbrado. Y ello no ocurre en corto tiempo. De modo que, saber ver el mundo natural y social es un factor relevante porque “el éxito de todo depende de la intuición, de la capacidad de ver las cosas en forma que posteriormente se compruebe que era cierta”. La ejecución de esa acción es propiedad del empresario, a quien el autor diferencia del capitalista por su rol de impulsor. Es él quien crea, agrega valor con su conocimiento y su capacidad de diseño, de elección y de estrategia. La posesión del dinero no adjudica la condición de empresario. Para Schumpeter el empresario es “el portavoz del mecanismo de cambio”, y éste es entendido como: la producción de un nuevo bien, la introducción de un nuevo método de producción, la apertura de un nuevo mercado, la conquista de una nueva fuente de aprovisionamiento y la creación de una nueva organización. El cambio implica reacción, adversión. El empresario requiere capacidad para manejar la resistencia social a lo nuevo y liderar eficazmente el proceso. Desde el punto de vista subjetivo, este autor indica que el empresario se caracteriza por fundar un reino privado. Ese espacio y su desempeño en él, le suministran sensaciones como poder, independencia, gozo en la aventura, victoria, placer por el esfuerzo y el movimiento de energía interior implicada, además de reconocimiento social.
El empresario, a diferencia de otros actores sociales, es una persona -hombre o mujer- que realiza o motoriza innovaciones, ejecutando acciones diferentes, configurando nuevas realidades. Ve lo que muchos aún no ven. Otros autores como Timmons, Hornaday y Hisrich identifican atributos en esa figura como “tenacidad, capacidad para tolerar la ambigüedad, buena utilización y asignación de los recursos, toma moderada de riesgos, imaginación y orientado hacia los resultados”. Otros rasgos en torno a las competencias personales y sociales del empresario también han sido son mencionados por investigadores del tema, para diferenciarlo de los gerentes: soñadores-realistas, líderes, establecimiento de redes y relaciones personales con los trabajadores, control de la gente que los rodea, patrones propios por aprendizaje, experiencia en el negocio, diferenciación, intuición, compromiso, gran capacidad de trabajo y un modelo empresarial en su socialización.
Un sujeto de acción, creatividad e influencia
En la perspectiva de Israel Kirzner (1990), el rasgo de empresarialidad es asociado a lo activo, lo creativo, de agenciar movimiento versus serena espera, más que la propiedad de recursos: “La decisión humana no se puede explicar puramente en términos de maximización, de una reacción ‘pasiva’ que toma la forma de adoptar el ‘mejor’ curso de acción, según lo marcan las circunstancias”. Precisamente, si algo diferencia al empresario del propietario del capital es su habilidad para manejarse ante la incertidumbre, por lo que la propiedad de los recursos no transformados no conduce necesariamente a la calificación de empresario.
Kirzner hace alusión al planteamiento de Von Mises sobre la acción humana y su concepto de homo agens enfocada en los fines y los medios. Le agrega el concepto de elemento empresarial en la acción individual humana, e indica que la empresarialidad supone en el individuo la perspicacia, la capacidad personal para la toma de decisiones, el ser intuitivo y asertivo con la detección y aprovechamiento de oportunidades. Lleva consigo un aprendizaje continuo, como resultado de un proceso de experiencia. “Es este elemento empresarial el que hace que la acción humana sea algo activo, creador y humano, en vez de algo pasivo, automático y mecánico”. Hay además destrezas como saber captar el conocimiento, innovar tecnológicamente y canalizarlos para capitalizar, generar y multiplicar beneficios. Los errores pudieran estar presentes en lo referente a costos de oportunidad y cálculos de beneficios, pero esto conlleva también un aprendizaje.
Adicionalmente, la acción especulativa es fundamental en la empresarialidad, desde la visión de anticipación en los posibles beneficios de las oportunidades que otros no han visto o detectado. Esta conceptualización de Kirzner sobre el sentido de la empresarialidad hace hincapié en la esfera racional del individuo y el proceso de toma de decisiones como “una secuencia lógicamente unificada”, en la que cada decisión estaría influenciada por el aprendizaje adquirido tras decisiones previas, pero lo crucial es que previa a la acción de decidir, la persona se caracterice por la capacidad de visión y descubrimiento de oportunidades. “La empresarialidad no consiste en hacerse con un billete de diez dólares que de pronto se descubre en la mano; consiste en darse cuenta de que está a nuestro alcance y de que lo podemos atrapar”. Es decir, en la empresarialidad es intrínseca la existencia de un emprendedor, con el conocimiento para hacer factible la materialización de la visión o sueño inicial derivado además de la cualidad de olfato y precisión de oportunidades y cómo estructurar un método y una forma.
Para Francisco Dolabela, autor brasilero experto en la materia, el emprendedor es socal en tanto concibe otras formas de generar y distribuir riquezas. Su acción adquiere un sentido de riqueza compartida, en la que caben los otros; siendo el emprendimiento innovación en distintos campos de desempeño.
Un emprendedor dibuja su propio mapa del mundo para crear nuevas realidades
En este mismo sentido, el profesor Emeterio Gómez resalta el ámbito racional en la empresarialidad al decir que “el sujeto establece el fin y también, en alguna medida, puede influir sobre los medios”. El hombre, mediante la racionalidad, puede imponerse a las restricciones extraeconómicas e influir en los medios para alcanzar sus metas. “La ética y la política, son características y dimensiones que lo definen en forma más apropiada que lo que puede hacerlo la figura abstracta del homo economicus”. Este planteamiento trasciende el ámbito economicista al proponer la necesidad de racionalidad global en el empresario y una posición ética que trascienda la determinación económica. “El desconocimiento de las consecuencias en la sociedad de su actuar, o el argumento de proteger su patrimonio, ha hecho que el empresario mantuviera posiciones que agudizan desequilibrios que en el trascurso del tiempo representarían pérdidas”. La atención al aspecto microeconómico es tan esencial y lo ideal es que el equilibrio en lo microeconómico vaya en paralelo con las libertades individuales, pero nunca a costa de las mismas. Estas ideas han seguido siendo parte crucial en las reflexiones de Gómez (2009) en cuanto a la discusión acerca del empresariado en Venezuela, identificando un sentido para el “espíritu empresarial” alineado con las circunstancias que signan el acontecer actual. Para el autor se trata del “¡alma individual de los empresarios! la fuerza moral, la dimensión ética que cada uno de ellos logre desarrollar ante la amenaza cierta de destrucción de sus empresas”. Su noción sobre Conciencia Activa hace referencia directa al impacto del ser humano, desde el campo de la Economía, como creador y potenciador de realidades, sean cuales sean. Más que homo economicus, el individuo como actor empresarial es homo agens con sentido moral. Y esto hace del emprendedor un ser humano cuya obra lleva implícito un sentido, un propósito.
El factor contexto
Además de la existencia del factor humano con sentido de empresarialidad es también esencial, para la creación de empresas, el contexto cuya plataforma permita que la siembra tenga perspectivas de cosecha. En primer lugar, un ambiente de reconocimiento y fomento a la propiedad privada, entendida desde su desarrollo primigenio, tal y como lo formula Pipes. Este autor explica que el deseo de adquirir ha movido a la humanidad desde sus inicios y ha sido un factor para cambios en las sociedades, especialmente la organización humana y en consecuencia, de la creación de instituciones y reglas claras. Afirma que “las sociedades que proporcionan garantías sólidas a los derechos de propiedad son las que tienen más probabilidades de desarrollo económico”.
Haciendo referencia a la evolución del deseo de posesión, incluso con argumentos derivados de la socio-biología, tiene sentido la importancia de la territorialidad y de la posesión, desmitificando la connotación negativa de ésta última y resituándola en el contexto de la necesidad de autoconservación del ser humano. No es el tener y el beneficio económico lo que induce a la necesidad de establecer y defender la propiedad, sino además factores de índole emocional, de índole psicológica y hasta política. En ciertos estadios de la historia el tener o no propiedad sobre la tierra otorgaba un mayor o menor derecho al ejercicio de la ciudadanía, especialmente en la participación de la toma de decisiones de impacto en el colectivo. Con el florecimiento del comercio ésta última cualidad de la propiedad se fue modificando, al lograr el reconocimiento y legitimación de otras formas de propiedad, más allá del concepto territorial. Y eso condujo al desencadenamiento de procesos de identificación de libertades: políticas, personales, económicas y legales. Todo ello conduce a conformar un tejido social que refuerza el sentido de la autonomía, la autosuficiencia, y que al fin y al cabo es el motor central para el surgimiento de las empresas.
Las empresas, hijas predilectas de los emprendedores, son sistemas organizados que al fortalecer su autonomía se incorporan activa y multidimensionalmente a la sociedad, participando y proponiendo mejoras y transformaciones. Es lo que llamamos hoy negocios con sentido, bajo el liderazgo y la visión del emprendedor.
[1] De acuerdo a Say, “el empresario cambia los recursos económicos de un área menor hacia una zona de mayor productividad y mayor rendimiento” con lo cual “crea valor” (citado por Dees, 1998)
Si hay un espacio simbólico que se ha posicionado en la mente de quienes hacen vida en el campo de la responsabilidad social en Venezuela, es el simposio anual organizado por el Comité Alianza Social de Venamcham. Ello sin desmerecer otras iniciativas que promueven el intercambio, aprendizaje o actualización en la materia.
Haciendo una breve referencia a sus orígenes, este espacio nació con el nuevo milenio, mediante la sinergia entre la Cámara Venezolana Americana, el Centro de Formación de Pdvsa conocido como CIED, la empresa privada y organizaciones civiles. Desde esos primeros pasos el simposio se mostró como lo que sigue siendo: el lugar para pulsar el avance y las vertientes de las distintas temáticas que componen la responsabilidad social. Tanto en Venezuela como en el mundo.
El país ha cambiado desde entonces. Y en el simposio 2018 se ha hecho sentir esa transformación, tanto para evidenciar la emergencia de nuevas situaciones y de desafíos sociales, como para dar cuenta de soluciones que persiguen responder a esos retos.
En Responsabilidad Social, programa que se transmite todos los lunes por Fedecámaras Radio y conducido por esta servidora, dedicó un espacio a las Voces de la Corresponsabilidad, con entrevistas a quienes hilvanaron tal concepto durante el evento. El modelo central fue presentado por Víctor Guédez, quien desde el año 2000 teje el hilo conceptual de los simposios. Esta vez presentó a la audiencia los ejes y componentes de una plataforma para la acción social en la Venezuela de hoy, desde sus organizaciones y muy especialmente desde el individuo.
Ser corresponsable es hacerme cargo de mis actos y también asumir que también soy responsable por el grupo al cual pertenezco, la institución o la sociedad en la que estoy, dijo Guédez. En el ejercicio de la corresponsabilidad hay que distinguir una serie de ventajas y principios como la solidaridad, reciprocidad, subsidiariedad y multideterminación. Se fundamenta en ventajas, alianzas, interacción y respeto, sobre la base de un actuar de doble vía. (Conozca más haciendo click para escuchar la entrevista).
Motivados a procurar felicidad
Luis Maturén es otra voz muy esperada en cada Simposio, con la presentación de resultados de la encuesta Pulso social de la empresa Datos. Como líder de la misma, ha visto de cerca los indicadores que articulan una visión del comportamiento del venezolano, en materia de responsabilidad social. Y según lo que muestran los mismos, hay oportunidades aprovechables para hacer posible la corresponsabilidad. Que las personas quieran ayudar y le den un significado constructivo en sus vidas es un gran paso.
“Las personas tienden a dar mayor preferencia a la felicidad, que al éxito” explicó y citó estadísticas que muestran la inclinación, en materia de empleo, a seleccionar lugares de trabajo que involucren un propósito. Según la encuesta 53,5% de las personas seleccionaría una empresa con propósito, con poco sueldo, mientras 46,5 % se inclinaría por un empleador que pague más.
Y del otro lado del tablero, también ocurre con los empresarios, especialmente en Venezuela, a quienes Maturén adjudica heroicidad, por la manera como hacen todo lo posible por operar y preservar el bienestar de su gente. (Conozca más haciendo clickpara escuchar la entrevista).
La articulación es necesaria para la innovación social
Ana Botero,representante de la Corporacion Andina de Fomento, CAF y lider del área de Innovación Social., enfatizó en la necesidad de romper esquemas mentales y atreverse a ensayar. La mirada tiene que estar puesta en la articulación entre personas, instituciones y el convencimiento de que para impactar positivamente al colectivo es indispensable el compromiso, la conciencia y especialmente la voluntad.
Entrevista a Ana Botero, líder de Innovación Social en la CAF.
Con ello, y reconociendo el valor de los aprendizajes, especialmente en tiempos de incertidumbre, pueden lograrse grandes hazañas en materia de inversión social. (Conozca más haciendo click para escuchar la entrevista).
Estas voces nos mostraron la corresponsabilidad, uno de los pasos que marcan lo que venimos impulsando desde que iniciamos este programa: la alteridad consciente. Ponernos en los zapatos del otro y ver desde su mirada, es un paso para la construcción de esa convivencia social que deseamos y merecemos.
Existen, han existido y existirán, personas notoriamente más arriesgadas que el promedio. Cuando se atreven a cambiar drásticamente el rumbo de su vida, crean un giro que marca el camino de su descendencia. Esa persona fue mi abuela, y probablemente su vivencia fue afín a la de muchas mujeres de su época que también sellaron el destino familiar. Decidí compartir una parte de su vida en este extenso post, a propósito de su centenario.
Boconó, un pueblo sembrado entre montañas
Esta historia comenzó en un apacible pueblo de los Andes venezolanos, donde la naturaleza brota multicolor, entre montañas, frío, y un rio del mismo nombre. Se llama Boconó. Atesoro su imagen producto de mis visitas, no muy alejada al valle de desbordante belleza descrito por distintos autores, quienes además coinciden en hablar del gentilicio boconés como laborioso, noble, honrado, constante y “celoso de sus propósitos”. Agregan esos pareces el interesante resultado de la fusión etnográfica local (origen indígena e inmigración española), conformando así un cuadro social de costumbres rurales -dada la acentuada vocación por el campo- junto al comercio, los círculos intelectuales y los ritos mágico-religiosos. O al menos así fue en los tiempos que dan cuerpo a este relato, en homenaje a mi abuela Ana de la Encarnación Zambrano Briceño. Esta es mi mirada. La construí con datos derivados de mi propia vivencia e investigación, notas sueltas que fui recogiendo en visitas al lugar, entrevistas, aportes de familiares y de otros informantes.
Ruinas de la casa de Fernando y Emilia
1918. El siglo va por su segundo decenio y el mundo occidental es testigo de la rendición alemana, concluyendo la Primera Guerra Mundial. Un año que da cuenta del fusilamiento de la casa real rusa a manos de los comunistas, y de una pandemia global llamada “gripe española”. Así lo aprendimos en la escuela, y de cuando en cuando,lo vemos en las películas. En ese cuadro no entran quienes, en esa misma fecha, no se enteraron de tales acontecimientos, ni vivieron alguna consecuencia cercana. En el hogar campesino de Emilia y Fernando ese 18 de octubre lo vital era atender el alumbramiento de Ana Encarnación. La beba era la tercera, después de un varón y una hembra, y a quien le seguirían otras 5 niñas más.
Crispin en su relato
«Yo estaba chiquito, pero mi mamá me contó de esa boda de Emilia, la hija de Carmelo, con Fernando Zambrano. Decía que fue allá, en la Loma, más arriba de Miticún. Que la novia era bella y llegó a caballo. Estaban muy enamorados y se les quería mucho. La fiesta fue con violines”, nos contó Crispin, un nonagenario local cuando hicimos visita a Boconó en el 2003. Con sorprendente vitalidad y don de gentes, nos compartía tras rascarse la cabeza y hurgar en sus memorias: “Allí en esa casa y de eso sí me acuerdo yo, hacían muchas fiestas. Ellos eran alegres, pero la mejor de todos, era Anita. Ella era muy especial, muy distinta y le decía a uno que a ella no le gustaban los feos”.
Crispín seguía en el cuento, al tiempo que nos señalaba la entrada a un camino de tierra, en un área boscosa, que nos llevaría al sitio donde aún quedaban las ruinas de aquella vivienda. Me detuve. Mi mente se activó con la construcción de una Anita quinceañera, radiante en su mirada de ojos claros y larga cabellera avellana. Quizás, me dije, de esos episodios se trataba la vida que ella quiso mostrarme durante las conversas que solíamos tener después de ver el noticiero, en su apartamento. Una noche, alguna novedad en la tele hizo que se levantara del sofá, comentara algo de su pasado juvenil y con entusiasmo se recogiera un poco el vestido. Procedió a dar unos pasos cortos, con brinquitos. Sonriendo, con un dejo de picardía, dijo que así bailaban en sus tiempos mozos y que se llamaba polca.
También en esas tertulias con visos de confidencia me contó que, en su diario trajinar campesino, dialogaba consigo misma y mantenía la firme convicción de querer algo más que casarse “con un peón” (así llamaban a los jornaleros). Prefería ignorar el galanteo de los muchachos a quienes veía trabajar duro bajo el sol en la pequeña parcela familiar. Se lo repetía mientras pilaba el maíz, preparaba la comida o ayudaba a cargar leña. Ella no fue a la escuela, porque en aquella época los adultos – especialmente en las zonas rurales- solían definir otras prioridades para las niñas. Pero a la pequeña Ana, a quien gustaba caminar por los campos bajo la lluvia, cobijada por un enorme sombrero, saberse analfabeta no la detuvo en su visión de un futuro distinto. Se las ingenió y pudo adquirir – aunque en forma muy rudimentaria- herramientas esenciales para defenderse en la vida: leer, escribir, sumar, restar y confeccionar ropa. Lo logró gracias a su acción autodidacta, y a la ayuda de terceros que accedieron a enseñarle. Ahora que lo pienso, creo que ella nunca estuvo consciente de su principal aprendizaje y posterior legado: el conocimiento, sumado a la propia voluntad, es la palanca que puede mover tu mundo, y el de otros.
Desafío al destino
1929. Un año después de los movimientos estudiantiles contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, la atención del hemisferio oeste estuvo acaparada por la Crisis económica norteamericana y la preocupación por el fortalecimiento del estalinismo. Mientras tanto, en varios puntos de Venezuela ocurría un alzamiento de origen militar, atomizado, y si quiere, ausente de coordinación, que culminó en una feroz cacería. Los habitantes del aislado territorio boconés no estuvieron exentos de tal arremetida, porque el valle cobijó a una parte de los insurrectos, liderados por el bando del general José Rafael Gabaldón. Civiles cayeron apresados, acusados de colaborar con la sublevación, y ante los ojos del pueblo muchos fueron sacados de sus casas o negocios por la policía del régimen, para llevárselos sin dar cuenta de su destino. Entre ellos se encontraba un par de comerciantes, propietarios de González & Briceño. El joven Adolfo, al no tener noticias de su padre, decidió salir de Boconó para buscarlo, donde sea que estuviera. Tardó siete años en regresar, luego de caer la dictadura, y sin él. Había fallecido sin recuperar su libertad, encerrado en el castillo de Puerto Cabello.
Una mañana, la Anita adulta se prendó de Adolfo Augusto Briceño, de su figura varonil, atractiva, elegante, con aires de mundo. Sucedió un día cualquiera, cuando se él aproximaba sobre su caballo a la plaza mayor de Boconó. Ella no contó quién le habló primero a quien, sino que el chispazo fue mutuo. La semilla del romance cayó en tierra fértil y brotó rápidamente un sentimiento intenso. Tanto como el radical rechazo de su padre viudo a tal relación.
“Recuerdo que esa noche vi a Anita en la habitación, sobre su cama, muy arreglada, con un vestido blanco de piqué y pepas rojas” me relató una de sus hermanas, ya anciana, cuando accedió a conversar sobre lo que por mucho tiempo había sido un tema intocable. “Ella se veía como pensando, y fumaba en silencio. Le dije que saliera al comedor, ya la cena estaba lista y servida. Pero sólo pidió que la dejáramos tranquila, que ya se nos juntaba para comer. La verdad es que casi no nos hablaba, porque todos en la casa estábamos de parte de papá”.
Pero los minutos pasaban, y Ana no salía. Sentados en la mesa pareció escucharse un ruido similar al golpe de una piedra en la ventana. Cuando entraron, esta estaba abierta por completo. Una pequeña pizarra, reclinada sobre la cabecera de la cama, sustituía a su hermana. Estaba rotulada con el trazo de inconfundible caligrafía, algo rústica. El mensaje comenzaba con la frase “Tengo un capricho, tengo un amor feliz”…
“Al ver eso, mi papá lloró y lloró. Se desesperó. Tomó un cuchillo y dijo que iba a vengarse. Pero no lo hizo, no pasó nada de eso. Aunque nos tocó botar sus cosas, él la quiso siempre. Envejeció y nunca más se volvieron a hablar. Eran otros tiempos”, finaliza.
Del otro lado de la ventana, la esperaba sobre su caballo un amigo, cómplice del novio. Ella subió sobre la bestia y velozmente cabalgaron hasta el sitio del encuentro, que selló la promesa del convivir. Primero, en casa de su suegra Josefa Briceño, quien en todo momento amparó y protegió la relación. Poco después instalaron su nido y comenzaron su propio linaje.
Así, Ana de la Encarnación comenzó una nueva vida y adquirió una responsabilidad que mantuvo hasta el último suspiro. Durante ese comienzo, como solía ser también por aquellos días, la economía dependía del jefe de hogar. En este caso, se trataba de un hombre de comprobadas cualidades como emprendedor, nutridas con sus andanzas, estudios y la praxis comercial de su difunto padre. Ella, por su parte, halló el apoyo emocional y las enseñanzas que necesitaba para conducir el clan, en su madre política. También estuvo atenta a los conocimientos, orientaciones y vivencias de varios de sus cuñados, entre ellos docentes y universitarios. Así que contaba con juicios útiles, importantes para sí y para el futuro de la prole. En su pareja, además del amor, obtuvo un canal de sabiduría práctica que con frecuencia hizo alusión, a lo largo de su existencia. Era el reino feliz de Ana Zambrano y Adolfo Briceño, cuyo precio a pagar fue, según la leyenda familiar, el rechazo de una sociedad conservadora, que desaprobaba una unión natural e ilícita.
La abuela que conocimos
Años 60. Caracas vibra de modernidad, de democracia y de una floreciente economía, siendo la capital más promisoria de Suramérica. Era el destino anhelado del provinciano, la puerta a una fuente de prosperidad. La escalera al ascenso social.
Mi abuela me contaba que jamás se vio –incluyendo el todo el grupo familiar- viviendo por siempre en el pueblo. Había un “algo más” tras esas serranías que podía mejorar sus vidas. Cuando el Mal de Chagas decidió sumar entre sus víctimas al abuelo Adolfo, a finales de los 50, a los hijos mayores ya se les tenía dibujado en su horizonte alguna carrera en las pujantes universidades públicas. Y así fue. No la frenó el impacto de lo que hoy llamaríamos exclusión y bullying social, ni el retroceso económico y emocional que dejó la viudez. Por el contrario, el impacto de la pérdida del compañero fue su mayor motivación para arriesgarse a comenzar de nuevo otra vida, en la tentadora y desconocida ciudad capital. Sin saber de reingeniería, reorganizó los roles, tareas y responsabilidades en la familia, junto a una férrea y estricta disciplina. Esto hizo posible que el “Plan Caracas” no se quedara en sueños o a medio camino, como le pasó a otros que, sin éxito, terminaron engrosando las estadísticas de las migraciones internas que incidieron en el nacimiento de los cinturones urbanos de pobreza.
Esa es la abuela que conocí, algo rellenita, negada a a verse “más vieja” que otras mujeres cercanas, entre amigas y hermanas. Con ellas la discordia cedió al deseo del reencuentro y las relaciones se retomaron, siendo Anita un ejemplo de valentía, firmeza y de visión. Casi todas le siguieron los pasos y se establecieron en Caracas, con sus respectivas familias.
Recuerdo que combatía enfurecidamente las canas con tinte rubio cenizo, remarcando su coquetería con colorete rosado y vestidos de su propia confección. Mujer conocida por su rigidez de carácter, con estrictos principios morales. La superación constante y el «fundamento, mucho fundamento» eran su leit motiv. Si le picaba la curiosidad de algo que quería saber no se quedaba tranquila hasta averiguarlo; y si empeñaba en un objetivo, no descansaba hasta conseguirlo. El que fuera. Tan importante podía ser sembrar y regar una planta para su florecimiento en el balcón, como lograr que un hijo se graduara de médico.
Fuimos testigos de su bondad y de su esmero en deleitar a la familia con la característica sazón trujillana. En esa labor de cocina uno la podía pillar cantando alguna melodía de moda en la radio, como aquel tema «Gavilán o Paloma» de José José. Para mi recuerdo, era peculiar su gusto por los viajes. Solía usar una vestimenta especial, con el toque de un sombrero amarillo, cuando viajaba a los Estados Unidos a visitar un hijo. Para ella era lo máximo, aunque lo único que hubiera aprendido del inglés era “Thank you”.
Anita caminando por una calle de Curazao
Fue, hasta el final, la mujer que se levantaba de lunes a viernes temprano para caminar y luego sentarse a coser en su máquina Singer. La abuela que conocimos negociaba con las vendedoras en los almacenes de telas, y sabía levantar la autoestima a las clientas menos agraciadas.
Murió en su hogar, bañada en afecto y junto a la mayoría de sus 10 hijos y 21 nietos. Ocurrió un año y medio después de que el mundo celebrara la caída del Muro de Berlín, finalizando la Guerra Fría; mientras que en Venezuela se empezaban a asomar ráfagas de oscura tormenta.
Hoy en día se han sumado 24 bisnietos a su descendencia, (otros ya vienen en camino), regados en 5 países, lejos de Venezuela. No la conocieron, pero la evocación les llega en sus casas indirectamente, en navidad, a través de las hallacas “al estilo de la abuela Ana”, del ritual de armar el pesebre en una esquina y aguardando del año nuevo, en familia, al ritmo de la legendaria Orquesta Billo’s Caracas Boys.
Y así, desde mi mirada, comparto este homenaje, en memoria a la madre de mi padre, nacida en el llamado «Jardín de Venezuela», Boconó.
De sus hijos:
«Mi mamá fue una madre ejemplar. La recuerdo como una mujer con principios morales, muy sabia. Fue muy guerrera, muy valiente. Se enfrentaba a cualquier situación y lo resolvía con mucha inteligencia. Era muy ahorrativa y tuvo el don maravilloso que le dio Dios a sus manos que supo y con la cual hizo feliz a un sinnúmero de personas,disenando y haciéndoles ropas espectaculares».
«¿Mi mamá? Mi coach favorito»
«Mujer luchadora,visionaria, persistente hasta lograr sus objetivos. Bella. Un amor de mujer».
«Buena madre, trabajadora, cariñosa, y buena gente».
«Ejemplo de lucha y tenacidad por la superación de sus hijos».
“DoñAna, una madre con mucho carácter, muy atada a los principios morales, pero sobretodo dedicada enteramente a su prole.”
«Una mujer excepcional y visionaria que llegó a lograr lo que se propuso»
La continuidad de los negocios en Venezuela se ha convertido en un gran desafío a las competencias gerenciales y empresariales, y a su vez, marca un valor estratégico para la práctica de la responsabilidad social
La gestión de la responsabilidad social empresarial requiere, cada vez más, un enfoque transdisciplinario e integrador. Aquellas primeras acciones filantrópicas que cuenta la historia, han evolucionado en prácticas que buscan el alineamiento de los departamentos de relaciones o comunicaciones con los ejes
estratégicos del negocio, incluyendo la creación de valor y de la mano de los stakeholders. Esa transformación ha impulsado la participación de otras disciplinas, especialmente el derecho, la sociología, las ciencias políticas, las ciencias administrativas y de los tecnólogos (es decir, los “chicos de informática” con quienes conviene estar siempre en las buenas).
En ese sendero, el comunicador, tal como lo mencionamos en anterior entrega, al ejercer liderazgo o formar parte de equipos de trabajo en materia de RSE, requiere ampliar sus competencias.
Tal necesidad pareciera no necesitar mucha comprobación. Sin embargo, es valioso el aporte del estudio Latin American Communication Monitor, LCM, 2016-2017 en su segunda edición, para comprender hacia dónde va enrumbado el rol del DirCom en 17 países de la región. Los hallazgos (disponibles en el site del LCM) permiten identificar diversas necesidades de atención para el profesional de la comunicación y cómo encaja allí la gestión de la responsabilidad social, a partir de su propia percepción.
La creciente complejidad del entorno organizacional amerita estrategias de afianzamiento de alianzas, o consolidar nexos con grupos de interés clave. Por tanto, fue un aspecto relevante para dicho estudio.
Entre los DirCom venezolanos se tiende a una aproximación más hacia lo afectivo, al identificar el manejo del término de relación y compromiso con los grupos de interés (stakeholders). Se obtuvo 88,6% en la asociación del engagement con “estar entusiasmado, orgulloso o vinculado”. Le sigue de cerca la valoración de la dimensión cognitiva (estar interesado o sentirse involucrado) con un 86,7%, la cual en la consulta general regional se ubica de primera. Situada de tercera está la participativa, donde siete de cada diez profesionales aprecia el grado de compromiso que genera “el deseo de colaborar o motivación para mejorar”.
Esta tendencia de medir el vínculo y compromiso desde lo afectivo, adquiere más fuerza cuando reconocen que los stakeholders comunican a terceros acerca de la organización (64,2%) y le respaldan institucionalmente (43,4%). El componente participativo de igual manera se expresa en el reconocimiento de trabajo conjunto entre grupos de interés y organización (58,6%), mientras que el ámbito cognitivo se manifiesta en al exaltar el diálogo de estas activas audiencias con la empresa (47,2%).
Maniobrar ante las fuerzas del entorno
La percepción del ciudadano en cuanto a la relevancia de la empresa privada en el progreso de una sociedad, es algo propio de la sociedad contemporánea. Incluso en estudios realizados sobre las preferencias y valoraciones de los jóvenes, estos se inclinan a dar por sentado, o natural, que tras una marca comercial o corporativa hay un deber ser social. En el caso de Venezuela, se acentúa la asociación del rol de la organización empresarial como parte de la solución a dificultades (abastecimiento, empleo, sociabilidad, entre otros aspectos). A ello se le suma la persistente actitud hostil –desde instancias oficiales – hacia la libre iniciativa, además de presiones regulatorias.
En consecuencia, la gestión venezolana de responsabilidad social manifiesta notables diferencias con el resto de la región. Las locales comparten el interés global por el alineamiento del capital con el progreso sostenible de las sociedades y el fortalecimiento de la integración trisectorial (Estado, empresa y sociedad civil) con la urgente necesidad de sobrevivencia del negocio y el aumento de las demandas de los grupos de interés clave para la solución de sus urgencias o cobertura de necesidades básicas (alimentación y salud). La responsabilidad social tiende a ser reactiva e incluso, reasignar prioridades para regresar a prácticas filantrópicas o asistencialistas. Además, las organizaciones se han volcado en la procura de un blindaje social.
Aunado a los datos del LCM 2016-17, la Encuesta en las empresas sobre sus Prácticas y Tendencias Actuales de la Responsabilidad Social y Ambiental en Venezuela, (Price Waterhouse, 2017), permite identificar la influencia del entorno. Factores externos son identificados en 55% como motivo para la incorporación de la responsabilidad social al negocio, sin la aplicación de estándares internacionales. Las prácticas se orientan básicamente a atender requerimientos de públicos internos y comunidades. Dentro del espectro de acciones, 61% se enfoca hacia la filantropía. Resalta además la identificación de brechas o carencias en el ámbito comunicacional, las cuales demandarían datos en materia de inversión social (84% dice no poseer información), mayores conocimientos sobre el tema e interés por incrementar las oportunidades de alianzas con los grupos de interés que integran la cadena de valor, como clientes y proveedores. Las redes sociales, por su parte, son utilizadas por el 55% de las empresas para divulgar lo que hacen, siendo la plataforma del microblogging (Twitter) la de predominante en uso (86%). emocional, alineado con la psicología positiva, para contar con un margen de maniobra de orden afectivo, ante cualquier posible intento de expropiación o cierre, entre otras amenazas.
Para el comunicador organizacional, DirCom, o relacionista público se convierte en reto integrar, eso que ya avizora como indispensable resolver en sus competencias, de cara a la “Cuarta revolución industrial”; al tiempo que se hace necesario –y de allí la articulación estratégica con otras disciplinas- prever o construir soluciones comunicacionales tanto en lo mediático como en lo instrumental, ante la necesidad de las organizaciones de estrategias y prácticas que le permitan maniobrar con las fuerzas del entorno que inciden en su sobrevivencia.
En la gestión del cambio en la organización, el impulso a la cooperación entre las personas que conforman equipos de trabajo y en la actuación corporativa como actor social que dialoga con su entorno, el comunicador lleva sobre sus hombros una gran responsabilidad.
La excelencia comunicacional de la organización, de acuerdo a los autores del modelo Comparative Excellence Framework (Moreno, Wiesenberg, & Verčič, 2015) se sostiene sobre dos instancias y cuatro dimensiones: la influencia que la función de comunicación ejerce a lo interno de la organización (ser una unidad asesora y/o ejecutiva) y el desempeño que la misma realiza hacia el exterior (organización como actor comunicante) expresada en lograr el éxito y nivel de competencia.
Dentro de esa perspectiva, el comunicador corporativo o institucional tiene una función mediadora, como agente de cambio. En los sistemas sociales, entre ellas la organización, el individuo en su relación con el Otro (u otros) adquiere significancia como agente influenciador. Su singularidad es la base y meta de la sociedad, considerando las implicaciones de su acción social, es decir, la consecuencia de su conducta manifiesta, en un hacer interno o externo, con un sentido subjetivo.
Entonces si vemos al comunicador organizacional como un actor social influyente, adquiere un sentido mediador altamente relevante, más allá del estereotipo clásico del relacionista público. De acuerdo a los resultados del estudio Latin American Comunication Monitor 2016-2017 liderado por Euprera -en el cual participamos activamente- los cambios de la vida actual han transformado el rol del profesional de la comunicación, sumando a las tareas operativas y de gestión de equipos (27 %), o las tareas de estrategias de alineamiento o engagement con los stakeholders (21%), y otras nuevas funciones en el plano del asesoramiento transformacional individual o coaching (17,4%). El dominio de las habilidades comunicativas, como eje para el entendimiento humano y la alteridad en sí, requieren de provisión de herramientas efectivas y asertivas.
Y si se trata de una persona con uso consciente de esa responsabilidad, autocomprendido (o trabajando en ello), en uso consciente de su inteligencia intrapersonal potencia su rol mediador. Más aún, si a ello le incorpora el necesario desarrollo –también consciente- de la inteligencia interpersonal e inteligencia social y la conciencia de cómo sus propios sesgos inciden en sus patrones de pensamiento y elección.
Como sujeto influyente hacia el interior de la organización, en la toma de decisiones de terceros y propias, el comunicador amerita cultivar sus propias cualidades de líder emocionalmente inspirado y triplemente enfocado: visión a lo interno, externo y en los demás. El cultivo de tales habilidades permeará finalmente a todos los niveles y actores de la organización, y es esa la base aquellas de mayor evolución en la sociedad actual, las cuales dan tienden a dar énfasis al trabajo colaborativo, a los equipos de alto desempeño y las formas asertivas de conectarse con sus distintos grupos de interés.
Mediciones recientes en las organizaciones, como el estudio global How Report, exponen los logros de la transición del modelo de “gestión por obediencia ciega y sumisión informada” al estadio de auto-gestión (L.R.N, 2016), en el cual el liderazgo transformacional e inspirador es la clave para el progreso organizacional. Lo hemos visto de cerca y corroborado en nuestra práctica en la consultoría y en las múltiples experiencias junto a cofradías de empresarios. El líder inspiracional es un actor social que se alinea con su realidad emocional interna, en sincronía con los valores comunes y sentires del grupo que conduce, logrando su motivación. Es sujeto capaz de amplificar su visión hacia las señales del entorno, mediante una actitud empática, comprendiendo el grado de afectación que puede causar en él.
En ese relacionar estratégico, especialmente ante contextos signados por la incertidumbre y alta complejidad se requiere tener presente la inserción tanto del sujeto como de la organización en la dinámica de la sociedad informacional de Castells. La emergencia de una nueva cultura y condiciones tecnológicas ha implicado una reconfiguración del pensamiento humano, de la forma de relacionamiento en colectivo y de las fuentes de productividad y competitividad en las economías globales. Se trata pues de una configuración virtual de la actuación del individuo en sociedad, sumando el entorno digital a los ámbitos de naturaleza y urbano, facilitando la creación de riqueza a partir de la interacción, la innovación y el significativo impacto de la cooperación para la co-creación de nuevas realidades.
El comunicador, visto como actor social es un líder mediador e inspirador de cambios, en el entorno, en las comunidades y en los grupos sociales donde interactúa como ciudadano o como gestor de acciones e ideas en representación de una entidad. Está llamado a sumar valor a una empresa, organización social, movimiento civil, dependencia gubernamental o cualquier otra institución o actor particular que haga vida en la sociedad.
El apoyo a los líderes y el resto de los actores de la organización en sus habilidades relacionales es una función emergente en el comunicador
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